La apoteosis del tulipán

Parque de Keukenhof. /
Parque de Keukenhof.

Más de siete millones de bulbos en plena floración hacen del parque holandés de Keukenhof el mayor espectáculo floral del mundo

BORJA OLAIZOLA

Hay poco espectáculos tan hermosos como un tulipán en flor. El colorido del que es el símbolo por excelencia de Holanda alegra los jardines primaverales en todas las latitudes del planeta. Keukenhof, un parque de unas 32 hectáreas a medio camino entre La Haya y Amsterdam, vive en estas fechas la apoteosis del tulipán. El florecimiento entre marzo y mayo de los más de siete millones de bulbos cuidadosamente plantados desde el otoño convierte a este recinto en un lugar único en el mundo.

El parque de Keukenhof solo se abre al público ocho semanas al año. Este año lo hace entre el 22 de marzo y el 13 de mayo, coincidiendo con la floración de los bulbos. Al principio todo se inunda del color amarillo de los narcisos, los más adelantados. Luego las praderas del parque se van tiñendo de rojos, naranjas, azules y rosas de tulipanes y jacintos. Muchas de las plantaciones son dobles, de forma que cuando se empieza a apagar el colorido de unos bulbos hay una segunda remesa que está a punto de florecer. El espectáculo deja boquiabiertos a los más de un millón de visitantes que pasan todas las primaveras por Keukenhof.

Además de símbolo del país, el tulipán es también un próspero negocio para la industria de la flor de Holanda, que es con diferencia la más poderosa del planeta. Las más de 10.000 hectáreas que se dedican a su cultivo proporcionan una producción anual de 4.200 millones de bulbos. La mitad de ellos se exportan a otros países y la otra mitad se emplea para flor cortada en invierno. Keukenhof es el escaparate por excelencia de esa actividad y por eso allí se pueden ver los mejores y también los más especiales ejemplares de tulipán.

Cuarenta jardineros

El jardín se levanta en los antiguos terrenos del castillo de Keukenhof, una propiedad de origen medieval que fue remozada en el siglo XIX por un paisajista que diseñó algunos de los principales parques de Holanda inspirándose en modelos ingleses. Fueron los cultivadores de tulipanes los que empezaron a utilizarlo después de la II Guerra Mundial como plataforma para sus flores. Desde 1949 Keukenhof regala a todos los que lo visitan un espectáculo sin parangón en ningún otro lugar del mundo. El jardín se rediseña cada temporada de la mano de 40 jardineros. Este es el año del romanticismo y por eso se pueden ver muchas composiciones florales en las que abundan dibujos de corazones.

El parque atrae un número creciente de visitantes. El año pasado fueron cerca de un millón los que se acercaron a Keukenhof, la mayoría de ellos extranjeros. La entrada cuesta 18 euros, un precio justificado si se tiene en cuenta que además del espectáculo de los tulipanes hay un sinfín de actividades relacionadas con otras flores: un pabellón está dedicado a las orquídeas, otro a los lirios y también hay un apartado especial para las rosas. Al visitante no le queda otra opción que rendirse ante la sagacidad de los holandeses por haber sabido dar forma todas las primaveras a este pequeño milagro de la naturaleza para vender mejor uno de sus productos estrella.

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