Guadalupe Plata: «Nuestra música tiene algo de 'mala follá', mordiente y veneno»

Perico de Dios, a la derecha, con los Guadalupe Plata y los espíritus de dos perros de vieja./JIMENA
Perico de Dios, a la derecha, con los Guadalupe Plata y los espíritus de dos perros de vieja. / JIMENA

El trío de Úbeda presenta mañana en Intxaurrondo su cuarto disco -una vez más, sin título-, otra oscura ración de blues sucio y pantanoso

JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

En ocasiones anteriores han viajado fuera del Estado pero su cuarto disco decidieron grabarlo «cerca de casa por comodidad». Acostumbrados a trabajar «con cierta prisa», los andaluces también encontraron en los estudios La Mina (Sevilla) una mayor tranquilidad. «Es una especie de chalé aislado en el que estuvimos dos semanas muy a gusto», recuerda Pedro de Dios, alias Perico, voz y guitarra de Guadalupe Plata. Mañana presentarán el resultado en un concierto que abrirán los donostiarras Albert Cavalier.

- ¿No les dio miedo que tener más tiempo para grabar restara frescura a las canciones?

- La grabación suena más tranquila, sí, pero me gusta que haya variedad de sensaciones. Igual se pierde algo de frescura pero como siempre, hemos intentado capturar las canciones en directo. Procuramos no manosearlas mucho, no hacer 40 o 50 tomas sino quedarnos con la primera o la segunda para que no pierdan fuelle.

- Un animal vuelve a protagonizar la portada del disco, una pintura realizada por usted...

- Es un perro de vieja, de esos pequeñitos que te ladran a la mínima y tienen un ojo tuerto porque se han peleado... Un día nos acordamos de ese tipo de perro y nos percatamos de que antes había un montón por las calles y hoy son animales casi en extinción: se han ido muriendo las viejas y sus perros han desaparecido. De algún modo, el perro de vieja guarda relación con nuestra música, que también tiene algo de esa 'mala follá' (mala leche) que decimos por aquí. Tiene mordiente y veneno, como ese perro con malas pulgas...

- El disco comienza con 'Qué he sacado con quererte', una versión de Violeta Parra: han llevado el folclore andino al country western y suena de lo más natural...

- De hecho, si te fijas en la música de Ennio Morricone para los spaguetti-western, la base rítmica es un tambor andino que puede tener paralelismos con el rollo indio. No estoy muy puesto en esos temas pero es fácil pasar de un lado a otro sin que quede forzado.

- Ya homenajearon a Atahualpa Yupanqui con 'La vasija'. ¿Qué les atrae del folclore latinoamericano?

- A Atahualpa Yupanqui lo he escuchado desde chico porque le gustaba a mi padre y me parece grandísimo. Ese tipo de música me llega igual que la americana, creo que también tiene que ver con lo que hacemos, que no es puro blues ni puro rock and roll en cuanto a estructura y dinámica, pero tiene ese punto de quejío. La música de raíz tiene esa cosa que nace más del pueblo, de su entorno, y con el blues sucede lo mismo.

- Es difícil clasificar el blues de Guadalupe Plata, que remite a los orígenes del género y que los periodistas solemos tildar de sucio y pantanoso...

- Nosotros sólo seguimos el instinto de nuestros gustos. Trabajamos la improvisación y van surgiendo cosas. No somos un grupo de blues ortodoxo pero defino nuestra música como blues porque intento darle ese sentimiento de salto al vacío, de algo primigenio, primitivo... Podemos hacer rock and roll, boogie o psicodelia pero es fundamental que la base tenga esa cosa de blues.

- Un blues que nada tiene que ver con el de los grandes festivales y los músicos virtuosos que protagonizan solos interminables...

- Es que a mí eso me parece menos blues que lo que hacemos nosotros... Creo que se ha pervertido la cosa y esos músicos caen más en la exhibición que en explicar un sentimiento. En ese tipo de blues puede haber intérpretes increíbles pero muchos parecen estar en una especie de duelo de pistoleros para a ver quién desenfunda más rápido. Por supuesto, no se puede generalizar, pero hay guitarristas que imitan al dedillo a los King (BB, Freddie y Albert) y que tocan con una técnica increíble, pero al final suenan todos igual y no tienen personalidad.

El concierto

Cartel
Guadalupe Plata + Albert Cavalier
Lugar
Centro cultural Intxaurrondo (Donostia)
Día
10/2/2018 (mañana).
Hora
22.00.
Precio
12 euros en venta anticipada y 15 en taquilla.

- A veces sucede lo mismos con ciertos músicos de jazz, que se gustan demasiado a sí mismos...

- Sí, es un mundo que se ha academizado muchísimo, pero cuando surgió el jazz tenía un sentido diferente. No quiero decir que hoy no exista el buen jazz pero en escenarios grandes también se da ese espíritu de competición del que hablaba.

- A propósito del jazz, 'Navajazo' incluye un guiño a John Coltrane y su 'A Love Supreme'...

- Sí, nos flipa el jazz pero soy nulo y no tengo el conocimiento suficiente. Es un mundo muy sacrificado, están todo el día con el instrumento desde que se levantan hasta que se acuestan. Nosotros lo abordamos a nuestra manera...

- ¿Y el flamenco? Siempre han tenido querencia hacia él y está muy presente en 'Nido de avispas'...

- Es un poco lo que decíamos antes sobre la música que parte de un sentimiento... 'Nido de avispas' es un tema country con aire flamenco, pero no ves el country ni el flamenco, sino otra cosa. Es que a mí eso de la fusión me da un poco de rollo...

- ¿Por qué?

- Porque cuando escuchas a ciertos grupos de fusión ves un poco de flamenco, un poco de jazz, de funky o lo que sea y suena a todo y a nada. Es como un collage de cosas que también suele tender al duelo de pistoleros.

- Un collage que a veces tiene algo de Frankenstein sonoro...

- Hay monstruos muy agradecidos pero con otros es mejor salir corriendo. Prefiero a la gente capaz de sustraer algo de otras músicas sin caer en el punto farragoso de la fusión.

- Reivindican la atemporalidad y se enorgullecen de mirar al pasado más que al futuro. Para algunos, eso es síntoma de involución o conservadurismo...

- Desde muy chico escuchaba la música antigua de mi padre y me gustaba. En la adolescencia llegaron las primeras canciones de blues y rock and roll, a las que me agarré como a un clavo ardiendo. Para mí es atracción pura y dura, como cuando pruebas una comida que te parece la hostia: no podría explicarlo.

- ¿Y se animarían a probar con estilos alejados del blues o para ustedes es algo irrenunciable?

- Bueno, creo que ya nos abrimos a lo que nos gusta en general, pero jamás podríamos hacer algo que no nos guste ni arrimarnos a una música determinada porque es la tendencia actual: sería poco honesto y una pérdida de tiempo.

- Por tanto, no cabe esperar un disco de Guadalupe Plata con bases electrónicas, por ejemplo...

- (Risas) Ni vamos a grabar un disco de trap cantando con vocoder. Aunque reconozco que ese género tiene su aquel y no se me ocurriría menospreciarlo, pero nosotros estamos en una onda determinada y no creo que vayamos a hacer electrónica ni historias similares: no porque le tenga manía a ese estilo sino porque sólo me gusta hacer aquello que me pone cachondo.

- En este disco tampoco faltan los habituales temas instrumentales de sonoridad cinematográfica... ¿Cuándo vislumbra si una canción va atener letra o no?

- No lo sé. A veces voy sacando una canción en casa y pienso para mis adentros: «¿Para qué le voy a meter voz si suena bonito así?» Me flipa la música instrumental y para mí la voz es algo muy secundario y te digo una cosa: ojalá no cantáramos e hiciéramos sólo música.

- Igual no sería tan comercial...

- Sería más difícil pero no se trata de vender o no vender, sino de hacer algo que te satisfaga. Prefiero eso a seguir tendencias a las que muchos grupos se apuntan como un amasijo de zombis. Este año es una cosa y el próximo, otra. No hay autenticidad.

- ¿Aceptarían un pacto demoníaco en términos musicales? A ustedes les atrae la mitología diabólica, muy propia del blues...

- Pero llevamos a la virgen de Guadalupe en el nombre del grupo para protegernos. (Risas) Todo lo que tiene un toque oscuro o diabólico me atrae pero luego soy incapaz de montar una misa negra. (Risas) Si alguna vez aparece un señor con chaqueta en un cruce de caminos y me asegura que podré tocar siempre lo que me dé la gana, igual llegamos a un acuerdo.

- ¿Le vendería su alma?

- Bueno, eso en la época de Robert Johnson sonaba muy romántico pero hoy los tiros no van por ahí. Vender tu alma supondría estar a expensas del público y de la industria así que...

- Llevan diez años viviendo de la música. ¿Cuál de sus logros les hace más ilusión? ¿Los piropos de Iggy Pop, el ritmo infernal de conciertos o sus numerosos premios?

- Con los halagos hay que tener cuidado porque te debilitan pero si me tengo que quedar con algo sería con Iggy Pop, que pinchó nuestra música tres veces en su programa de radio: es algo que recordaremos con sumo gusto porque viene de alguien que ha sido un papa en el mundo del rock. El balance es muy bueno. Llevamos diez años viviendo de la música y no me veo sin hacer otra cosa: es como un tatuaje. No queda más que morir con las botas puestas...

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