Muguruza: «Necesitaba un sonido menos amable»

El músico irundarra Jabier Muguruza, retratado en la escalinata central de Tabakalera./LOBO ALTUNA
El músico irundarra Jabier Muguruza, retratado en la escalinata central de Tabakalera. / LOBO ALTUNA
Jabier Muguruza, músico

Después de 30 años de carrera acústica, el guipuzcoano abraza las guitarras eléctricas y la electrónica en el disco que hoy presenta en Lugaritz

JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

En compañía de Ander Mujika y de Javi 'Carasueño', Jabier Muguruza (Irun, 1960) acaba de publicar 'Leiho bat zabalik' (Mara Mara Diskak, 2017), un trabajo que supone un cambio tranquilo en su dilatada trayectoria. En directo lo presentará acompañado por las guitarras de Mujika y generando ambientes electrónicos a través de samplers.

- ¿De dónde surge la necesidad de cambiar?

- Es algo que ha ido fraguándose poco a poco. Yo notaba una necesidad mayor de cambio a pesar de estar muy a gusto en el formato acústico. Un día leí unas declaraciones de Gari, que consideraba importante salir de la zona de confort, y aquello se me quedó grabado como una cantinela. Pensé: «¿No se trata de estar a gusto?» Yo estaba en el confort absoluto con Mikel Azpiroz al piano, en los conciertos del anterior disco que hicimos con banda me sentía Chet Baker... Pero al final llegué a la conclusión de que tenía que probar otra cosa, experimentar sonidos nuevos.

- ¿Por qué ahora, tras tres décadas de carrera en solitario?

- Siempre he utilizado sonidos amables unidos a mi forma de cantar, susurrada e intimista... Necesitaba un sonido menos amable y eso me lo podía proporcionar la música más que mi interpretación, que es la que es: yo no puedo cantar de otro modo.

- ¿Qué buscaba cuando llamó a Ander Mujika y a 'Carasueño'?

- Suparticipación ha sido determinante. A Ander llegué a través de Napoka Iria, con quienes conecté mucho, y porque quería que las guitarras tuvieran otra aspereza, otra dureza. Para la parte electrónica me pareció idóneo llamar a 'Carasueño' tras escuchar su trabajo en el último disco de Tulsa: me parecía que la producción te lleva a unos paisajes sonoros muy interesantes.

- ¿Cuánto tiempo hacía que no usaba una guitarra eléctrica?

- En mis dos primeros discos tuvo mucho protagonismo pero era una guitarra muy jazzística, tocada por Roberto Yaben de modo muy suave y armónico. En los trabajos infantiles, por ejemplo en el que saqué con Bernardo Atxaga el año pasado, también hay guitarra eléctrica, pero muy diferente a la de 'Leiho bat zabalik', donde hay momentos de saturación y cierta distorsión. Lo más llamativo creo que es el uso de la electrónica: si hace diez años me dicen que la voy a usar en un disco, me habría reído.

- Pese a que el cambio es evidente, no suena radical. Su forma de cantar y las letras hacen que el álbum guarde coherencia con su obra...

- Las primeras reacciones de la gente coinciden en señalar eso mismo, que el cambio sorprende bastante pero a la vez es muy coherente. Eso me tranquiliza porque cuando haces una apuesta fuerte, tienes cierto vértigo, y yo lo he sentido. Ahora, visto el resultado y aunque pueda sonar pretencioso, me parece que he acertado al hacer caso de mi intuición.

«Si hace diez años me dicen que iba a meter electrónica en un disco me habría reído»

«Hay una poesía que va a la raíz y es muy cercana a la verdad; es la que yo reivindico»

- Esta vez todas las letras son ajenas y de gran calidad literaria. 'Leiho bat zabalik', que abre el disco, parece un canto al cambio y a la esperanza, pero al leer el texto uno se percata de que habla de algo mucho más trágico...

- La letra es de Iñigo Astiz, con quien no había colaborado todavía. Es un tema duro, quizá demasiado, pero hay gente que me dice que con esta y otras canciones estoy llevando temas muy crudos a un terreno musical que los hace más llevaderos. Aunque luego al escuchar la letra te lleves un mazazo, con la idea de 'una ventana abierta' también quería hacer un guiño a la esperanza en este momento tan duro para la cultura. Vivimos, como dice Harkaitz Cano, en una peluquería global en la que todo es chismorreo, ocurrencia y contestación. No hay pausa ni reflexión...

- No es casualidad, por tanto, la inclusión de temas como 'Spam kanta', de Angel Erro, ni '140', texto de José Luis Padrón sobre Twitter...

- No lo es, tenía que hacerlo ... Estaba hasta la txapela de la aceptación absolutamente acrítica de ciertas cosas. La gente se ríe de mi teléfono móvil, porque es viejísimo y casi siempre lo llevo apagado... ¿Pero por qué tengo que estar localizable todo el día? Conozco los argumentos del tipo: «Es lo que hay. Si no estás en las redes sociales no existes...» Algunos me tildarán de abuelo cebolleta pero me rebelo contra todo eso porque veo que se está perdiendo la comunicación directa como la hemos conocido hasta ahora. Cantar esos temas será un desahogo formidable: ahora ya no lloraré más cuando vea a parejas cenando el sábado por la noche sin mirarse porque cada uno está pendiente de su móvil, y también seré más tolerante cuando la gente no sea capaz de silenciar el teléfono en el tren...

- En 'Ez zait gustatzen poesia' Lourdes Oñederra tacha de «tramposa» la poesía...

- Es otra letra que se las trae, sí. La última frase es definitiva y maravillosa: «No me gusta la poesía / porque disfraza la impotencia con palabras». Tiene razón, aunque debo matizar que hay una poesía que va a la raíz y es muy cercana a la verdad: es la que yo reivindico. Muchas veces puede ser un cuento chino pero hay que salir de ese aprieto.

- 'Izana, izatekoa' es la vejez según Gerardo Markuleta; Iñaki Irazu capta la ausencia en 'Etxera iritsi' y Harkaitz Cano anuncia «épocas oscuras» en 'Jada iritsi diren barbaroen zain'... No hay mucha luz en los textos...

- Con estos escritores tengo una relación personal y cuando hablamos de cómo está el mundo solemos coincidir bastante en los puntos de vista. Creo que la cultura y la educación son lo más importante a nivel social, y si perdemos esos dos pilares, nos vamos al carajo. Es muy duro cómo Harkaitz habla de los bárbaros, algo que me hace pensar en el PP y el artículo 155. Bueno, la canción no habla de eso, he llevado el tema a mi terreno porque estoy muy preocupado con la cuestión catalana.

- De hecho, en los conciertos va a dejar un micrófono libre en solidaridad con el pueblo catalán...

- Es que en cierta medida, yo soy cantante por Cataluña. El 80% de mi trabajo lo hago en Euskal Herria y allí, de donde me han llegado todo tipo de reconocimientos y homenajes. Me siento muy implicado, me está afectando todo lo que ha ocurrido tras el referéndum. Mis amigos de allí me cuentan que la situación es insoportable...

- Al menos nos quedan las contradicciones a las que alude Iban Zaldua en el tema que cierra el disco...

- Zaldua tenía que ser malvado. De él no se puede esperar un texto beatífico que hable de lo maravillosa que es la vida...

- Ni una canción sin alusiones a La Cosa, como él llama al conflicto vasco... Dice: «Soy veterano de la izquierda abertzale / pero he estado super en contra de ETA / desde que tengo memoria».

- La Cosa tenía que aparecer tratándose de Zaldua. En este país hemos vivido muchas historias y en estos nuevos tiempos me apetecía soltar algunas puyitas en este tono socarrón... El último verso de la canción también dice: «Soy un demócrata de toda la vida / pero aquí no se ha torturado jamás / cuidado con lo que dices».

- Ha editado el álbum en su propio sello, Mara Mara, en el que daba cabida a sus proyectos infantiles...

- Resistencia cerró a principios de este año y a mi edad y con mi trayectoria, no me apetecía andar tocando puertas en busca de nueva discográfica. Lo he sacado yo pero con las espaldas bien cubiertas y la distribución bien atada en Euskal Herria y en el Estado.

- Quizá sea pronto para saberlo pero, ¿cree que el siguiente disco abundará en el cambio o volverá al terreno acústico?

- No lo sé, de verdad. Estaba muy contento antes y también lo estoy ahora por la respuesta tan positiva que me está llegando. Tiempo al tiempo, a ver cómo nos sentimos en directo... Además, la vida da muchas vueltas. El año pasado pensaba que me iba al otro barrio. Tuve un susto de salud que al final no era lo que me habían anunciado...

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