«Intento que la música fluya sin corsé ni estéticas determinadas»

La hernaniarra Maite Larburu, integrante de Neighbor. / ASIER ALTUNA

Neighbor. Maite Larburu, Josh Cheatham y Carlos Taroncher presentan el disco 'Hau' esta tarde en Lugaritz (20.00 horas)

JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

Nacida en 1979 y dedicada profesionalmente a la música antigua, la violinista Maite Larburu vive a caballo entre su Hernani natal y Amsterdam. Utiliza esta última ciudad como base de operaciones para tocar como 'freelance' en Holanda, Bélgica y Francia, entre otros países. Junto al violagambista estadounidense Josh Cheatham fundó el dúo Neighbor y publicó el debut 'Ura patrikan' (2013), al que siguió 'HAU' (2016), que cuenta con la participación del clarinetista valenciano Carlos Taroncher. El violín, el ukelele, las guitarras y la viola de gamba son sólo algunos de los instrumentos que asoman en esta original amalgama de pop ecléctico y delicioso. Hoy actúa en Lugaritz y el domingo en Pagoa de Oiartzun (19 horas).

- ¿Su primer acercamiento a la música fueron sus padres y las viejas casetes de sus hermanos? Así lo sugiere en la canción 'Musika'...

- Exacto, fue todo muy hogareño porque a mis padres les gusta mucho cantar y mis hermanos, doce años mayores que yo, estaban en la adolescencia y escuchaban de todo: Itoiz, Ruper Ordorika, La Polla Records, Simon and Garfunkel, The Beatles, Tom Waits, The Smiths, The Clash... Y poco a poco mi hermano empezó a comprar discos de música clásica.

- ¿Así llegó al violín? ¿No fueron sus padres quienes le animaron a aprender a tocarlo?

- No, en mi casa son melómanos, pero no hay músicos. Quizá suene arrogante pero en cierto modo, el violín me escogió a mí. Yo era muy pequeña y a esa edad no eres muy consciente de las decisiones que tomas: la música me llamó.

-Aprendió en el Conservatorio de Hernani y luego en el de Donostia, pero a los 22 años emigró...

- Acabé el grado superior, hice algunos estudios en Madrid y me fui a Holanda porque el academicismo de aquí me resultaba muy agobiante y estaba sofocada, un poco traumatizada. Llegué a Amsterdam y descubrí un montón de tradiciones musicales. En el propio conservatorio había formas diversas: música clásica, antigua, india, jazz, pop... La enseñanza no está basada sólo en los ideales de la música romántica.

- ¿Y cómo conoció al estadounidense Josh Cheatham?

- Me especialicé en música antigua y en un proyecto conjunto coincidí con él, que toca la viola de gamba, entre muchos otros instrumentos. Hubo un 'click' entre nosotros, le enseñé algunas canciones que había escrito sin ninguna ambición y decidimos sacar el disco. Vivíamos en el mismo barrio de Amsterdam, de ahí el nombre del grupo, Neighbor, que significa 'vecino' en inglés. Es como nos llamamos el uno al otro.

- ¿Decidieron abrazar el pop para liberarse del corsé clásico?

- No sé qué decir porque nos dedicamos profesionalmente a esta música y nos encanta. Tras tanto estudio académico, uno cae en cierta deformación profesional por tanto buscar ciertos tipos de sonido y afinación. En ese sentido, queríamos liberarnos, no pensar tanto y hacer lo que nos saliera, pero no podría decir que Neighbor es más libre y que lo clásico es una prisión. Practicar distintos estilos enriquece: buscamos ampliar nuestra musicalidad.

- ¿Diría que hay influencias de la música antigua en Neighbor?

- No podría decir que tal o cual canción está escrita al estilo de Vivaldi, pero supongo que la formación clásica influye. Por ejemplo, el tema 'Marnie Lock' surgió del bajo de una canción de Locke, compositor inglés del Barroco. No se parece si la escuchas, pero en realidad, la tradición musical del rock y del pop está basada en fundamentos armónicos y musicales de hace 500 años.

- La mitad de sus canciones son en euskera y la otra mitad, en inglés, y también hay alguna en español...

- Elijo una lengua u otra en función de la historia que quiero contar porque me relaciono en diversos idiomas: inglés, castellano, euskera, holandés, francés... Y cuando canto en euskera intento que suene lo más natural posible.

- Decía Harkaitz Cano que es usted una artista que no parece euskaldun. ¿A qué cree que se refería?

- Somos amigos desde hace tiempo y eso lo escribió cuando salió el primer disco. Supongo que lo dice porque llevo quince años fuera de aquí, yendo y viniendo. Soy vasca, pero tampoco soy una vasca estándar, más bien una mezcla... Ya no sé de dónde soy y al trabajar por todo el mundo, se te pegan cosas de todas partes. Supongo que mi música es un tanto extraña, poco común en Euskal Herria...

- Pop, jazz, folk, blues, bossa nova... No es fácil clasificarla...

- No me atrevo a definirme porque si lo hago, sólo me referiría a una pequeña parte de lo que soy y quedarían cosas fuera. Alguien dijo que hacemos folk progresivo... Para mí es Neighbor y suena a Neighbor: quien nos escuche se adentrará en un barrio musical donde quizá se pierda, pero que no se preocupe: aquí todos somos vecinos. (Risas)

- Alguien le comparó una vez con Mursego y yo también veo paralelismos con Elena Setién, que proviene como usted del mundo clásico y ha vivido fuera...

- A Elena la conozco desde pequeña porque coincidimos tocando el violín en la Orquesta Txiki del conservatorio. Ella se fue a Dinamarca y yo a Holanda, ambos son países de tradición protestante, y quizá hayamos tenido vivencias similares.

- La música de las tres tiene también un punto naif y juguetón...

- Me gusta reírme de mí misma porque a veces uno parece estar mordiéndose la cola todo el tiempo sin darse cuenta y, al menos, cuando te ríes sueltas la cola. (Risas)

- ¿Qué le inspira a la hora de escribir? Algunos textos son poéticos en el sentido clásico y otros, más extraños, casi dadaístas...

- Me atrae lo que no se puede explicar. Uno cree en lo que ve, ya sea en estado líquido, sólido o gaseoso, pero por debajo hay cosas invisibles que también están ahí y se perciben. Esas cosas me fascinan y me enseñan a no ser tan rígida a la hora de juzgar lo que uno ve.

- ¿Cómo descubrió su voz? Es flexible, evocadora y muy especial...

- Siempre me ha gustado cantar y cuando llegué a Amsterdam empecé en el departamento de jazz vocal. Pronto lo dejé porque tras tantos años absorbida por el violín me di cuenta de que no quería pasar otra vez por el academicismo con la voz. Tiempo después, al formar Neighbor, volví a cantar intentando hacer lo menos posible. Esa es mi fórmula: que salga la voz e intentar que no suene amanerado, que no haya manierismos y que la música fluya sin ponerle un corsé ni una estética determinada.

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