Salzburgo, esencia de Mozart

Salzburgo, esencia de Mozart

La presencia del compositor llega a ser apabullante en esta ciudad de extrema belleza que parece concebida para el turismo

C. COCA/ S. ARRIETA

Salzburgo, ciudad austriaca de 150.000 habitantes, es mundialmente conocida por ser la ciudad natal del músico Wolfgang Amadeus Mozart y por su cuidada arquitectura típicamente centroeuropea. Ahora que ya se ha sabido que la Real Sociedad tendrá que viajar en febrero a Austria para disputar la vuelta de los dieciseisavos de final de la Europa League explicamos cuál es la forma más sencilla para llegar y hacemos un un repaso de qué se puede visitar.

Para llegar a la ciudad autraiaca lo más sencillo es hacerlo a través de Munich, que se encuentra a 150 kilómetros al suroeste, mientras que la capital austríaca, Viena, está 300 kilómetros al oeste. En avión, comprando la ida para el miércoles 21 y la vuelta para el viernes 23, hay vuelos directos de Bilbao a Munich desde 300 euros ida y vuelta con Lufthansa. Con una escala, se pueden encontrar a partir de 160 euros desde Bilbao. Otra de las opciones es ir a través de Burdeos con escala en Londres, por 100 euros.

¿Qué visitar en Salzburgo?

En Salzburgo todo está cuidado al detalle. Como si fuera un escenario para que lo vean todos los turistas; un escenario en el que hay un protagonista omnipresente: un tipo inmaduro, de corta estatura, propenso a la broma escatológica que fue, para muchos, el mayor genio que ha dado la Historia. Su nombre: Wolfgang Amadeus Mozart.

Cuando el compositor nació, Salzburgo acababa de sufrir una gran transformación. Aunque quedan vestigios muy antiguos de asentamientos en la zona, y el castillo que domina la ciudad desde una elevación rocosa llamada Mönchberg es del siglo XI, Salzburgo está dominada por el barroco. Hay dos arquitectos cuya huella es especialmente visible en sus calles: Santino Solari, quien diseñó la catedral -construida a comienzos del XVII- y fue el responsable de la introducción del barroco al norte de los Alpes; y Fischer von Erlach, que firmó los planos de la Iglesia Colegial y la conocida como la Trinidad, y el impresionante altar mayor de la Franciscana. También fue el diseñador de los jardines del palacio Mirabell, todo ello a comienzos del XVIII. Erlach es, ya en Viena, el autor del Palacio Schönbrunn, la iglesia de San Carlos Borromeo y la Escuela Española de Equitación. Es decir, uno de los más grandes de su siglo.

Esa acumulación de maravillas arquitectónicas marca una ciudad de belleza casi agobiante. El visitante recorre las cinco plazas situadas a la sombra de la fortaleza de Hohensalzburg -la mayor y mejor conservada de Europa entre las de su género- y busca rincones y perspectivas, de asombro en asombro. La visita del interior de los templos más importantes de la ciudad, empezando por la catedral, se convierte en otra sucesión de sorpresas. No es difícil imaginar el orgullo que tenía que sentir el arzobispo Colloredo, liberal, amantes de las artes, 'patrón' tiránico de Mozart y último príncipe de la ciudad, al contemplar los prodigios que en ella se encuentran.

Casa Natal de Mozart:

La casa natal de Mozart (en la Getreidegasse, la calle que articula la parte antigua) no es uno de ellos, pero es difícil eludir la visita. Lo que el turista ve en realidad es un museo, porque cualquier parecido entre el interior de la vivienda, tal y como ahora está, y como era en 1756 es pura coincidencia. Pero el melómano busca la huella del genio, las paredes entre las que cultivó su talento, los paisajes que vio en su infancia. Claro que, tapando ese eco lejano, lo que encuentra en cada calle de la ciudad es una infinidad de tiendas donde venden bombones, licores, galletas, camisetas, chapas, cuadros, discos, libros, gorras y casi cualquier objeto con la imagen o el nombre del compositor. Quién le iba a decir, en sus días de grandes penurias económicas, que su simple nombre -ni siquiera su música- generaría tantos rendimientos.

Jardines del palacio Mirabell y la abadía de Nonnberg

Hay otra ruta que el visitante hace, no por merengosa menos interesante desde el punto de vista del conocimiento de la ciudad. Es la de la familia Von Trapp y su pluscuamperfecta institutriz. Aquí hay dos puntos culminantes: los bellos jardines del palacio Mirabell, desde los que además se contempla una hermosa vista de la ciudad, con la fortaleza al fondo; y la abadía de Nonnberg, en el camino que desciende desde el castillo hasta el centro, donde figuró como novicia María Augusta Kutschera, nombre completo del personaje encarnado por Julie Andrews en 'Sonrisas y lágrimas'. En verano, cuando los turistas abarrotan la ciudad, no es extraño ver en la pequeña escalinata del tramo final de los jardines Mirabell a algunos espontáneos haciendo su propia coreografía, como en el filme.

Los amantes de la música clásica pasarán sin duda por el complejo donde se celebran, en Pascua y verano, los famosos festivales. Allí, un lugar imprescindible -aunque el uso masivo del hormigón contrasta con los materiales empleados en el resto de la ciudad- es la Toscaninihof, que de nuevo traerá al visitante ecos de 'Sonrisas y lágrimas'.

Cementerio de San Pedro

El periplo por la ciudad quedaría incompleto sin la visita al cementerio de San Pedro, construido directamente contra la roca de Mönchberg. Dicen los expertos en estas cosas que se trata de uno de los más famosos del mundo. No debe de ser fácil hacer una clasificación de ese tipo con cementerios, pero cada día pasan muchos turistas por allí. Se trata de un camposanto atípico, irregular, con las tumbas encajadas entre jardines y en capillas. No se busque ahí la tumba de Mozart (enterrado en Viena en una fosa común), ni la mucho más reciente de Herbert von Karajan (sepultado en la cercana Anif bajo una muy modesta lápida). Pero, al margen de personajes más o menos famosos que hallaron el descanso definitivo en el lugar, lo que llama la atención del visitante curioso es la enorme cantidad de nonagenarios allí enterrados. Tal longevidad puede deberse al clima húmedo y moderadamente frío de la región o al efecto benéfico sobre cuerpo y alma de haber vivido rodeado de tanta belleza. O, quizá más probable, a la música de Mozart.

Fortaleza de Hohensalzburg

Construida para proteger al principado y a los arzobispos de los ataques enemigos, la fortaleza, emblema de Salzburgo y situada en lo alto de una montaña, atrae cada año a millones de turistas a la ciudad de Mozart. Y es que las vistas desde la fortaleza no son para menos.

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