«Si escucho música sin prejuicios, ¿por qué tenerlos al hacerla?»

Rafa Rueda, en una imagen reciente./GALDER IZAGIRRE
Rafa Rueda, en una imagen reciente. / GALDER IZAGIRRE

Rafa Rueda. El vizcaíno presenta esta noche en el Club del Victoria Eugenia (20.00 horas) su quinto disco en solitario, 'Hiri kristalezkoa'

JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

Para preparar el álbum, Rueda (Mungia, 1971) encargó a varios escritores y bertsolaris textos que sólo debían respetar dos premisas: acontecer en una ciudad y llevar por título el nombre propio de una persona. Además, el artista ha renovado su sonido y le ha otorgado un ambiente más urbano mediante la aportación electrónica del productor Jon Aguirrezabalaga, integrante de WAS (We Are Standard).

-Harkaitz Cano firma la canción que da título al disco y que parece hablar de una ciudad de cristal que deja al descubierto nuestro interior y nuestra fragilidad...

El cartel
Rafa Rueda.
Lugar
Sala Club del Teatro Victoria Eugenia (Donostia).
Día y hora
24/11/2017. Hoy a las 20.00 horas.
Precio
8 euros.

-Eso es, puede significar «ciudad de cristal» y también ser un juego de palabras en euskera: «A ti, que eres de cristal». Me pareció una bonita metáfora para definir cómo veo al ser humano dentro de la urbe.

-¿Y por qué eligió la ciudad como temática?

-Por la sonoridad de las músicas. Cuando las estaba maquetando un amigo me comentó que sonaban muy urbanas y entonces vi claro que debían ser 10 canciones protagonizadas en la ciudad por otros tantos personajes. Se dice que en breve más del 90% de la población mundial vivirá en núcleos urbanos. Escogí esa temática como excusa para hablar de nosotros y de nuestra forma de vida.

-¿Dónde reside usted?

-A caballo entre Mungia y un pueblecito cántabro cerca de Karrantza.

-Mungia tampoco es una localidad muy grande...

-Pero hoy día buena parte de los pueblos de extrarradio son casi prolongaciones de las grandes urbes. Muchas de las historias del disco podrían estar ubicadas en la gran ciudad o en cualquier núcleo urbano próximo. Ya no hay tanta diferencia entre lo que puede ser Mungia o la urbe más cercana, que es Bilbao.

- En las canciones no se cita el nombre de ninguna ciudad...

- Así resulta más universal: las historias podrían transcurrir en Bilbao, Madrid, Barcelona, Tokio o Beirut.

- «El cielo es un paraguas agujereado», escribe Unai Iturriaga en 'Roy Batty', canción con guiños al replicante de la película 'Blade Runner'. ¿Por qué en varios de los temas llueve, hay nubarrones y se da una imagen desapacible de la ciudad?

- El ambiente resulta un poco inhóspito, sí. Mi idea inicial era plasmar la parte más lúdica de la ciudad pero di libertad a los letristas y parece que mi música no les inspiró textos en esa línea. Me habría gustado reflejar otras partes más amables de la urbe pero he trabajado con el instinto y no he querido modificar el resultado para que no pareciese tan oscuro.

- 'Eleanora', de Miren Amuriza, habla de la soledad y 'Maryana', de Gotzon Barandiaran, llama a desconfiar de las ciudades bellas.

- 'Eleanora' cuenta algo que sucede bastante a menudo: la gente acude a la ciudad en busca de arrope colectivo y muchas veces allí encuentra la soledad más salvaje. 'Maryana' trata sobre una persona que huye de una realidad trágica y casi se mete en otra peor al llegar a una urbe en la que se siente extraña: habla de la hipocresía de la ciudad, de lugares muy bonitos de cara al exterior que en realidad esconden historias que nada tienen que ver con la imagen que proyectan...

- 'Little Cowboy', también de Unai Iturriaga, ofrece una imagen más positiva...

- Es quizá la que mejor refleja la parte lúdico-nocturna de la urbe. Alude al embelesamiento que antaño nos provocaban las luces de la ciudad a gente como Unai o como yo, cuando íbamos de fiesta a Bilbao procedentes del extrarradio, de sitios como Durango o Mungia. Salvando las distancias, la ciudad es como una droga cuya dosis tienes que controlar cuidadosamente porque corres riesgo de intoxicarte: produce sensaciones placenteras y puede hacernos la vida más agradable pero también puede 'comerse' a las personas.

- Es curioso que su apuesta por la electrónica y los sintetizadores coincida con la que han hecho los hermanos Jabier y Fermin Muguruza en 'Leiho bat zabalik' y en su colaboración con The Suicide of Western Culture, respectivamente..

- Sí, igual nos ha colonizado un virus sin que nos hayamos dado cuenta... (Risas) Son casualidades de la vida, o quizá no tanto, que hayamos empezado a elegir otro tipo de caminos. En mi caso, fue anterior a la concepción del disco porque muchas maquetas empecé a hacerlas a partir de los teclados -su sonoridad casa mejor con el concepto de ciudad- y no de la guitarra, como había hecho hasta ahora. Ya en el estudio, el productor Jon Aguirrezabalaga me propuso limitar mucho más la presencia de las guitarras: el teclado ganó protagonismo y las canciones viajaron a otros lugares estéticos. Eso sí, quería que el sonido fuese lo más orgánico posible, que todo estuviera tocado, y las canciones están grabadas con sintetizadores originales de los años 80 que Jon tiene en su estudio.

- ¿Qué referencias manejaron?

- Pensamos precisamente en música de esa década, sobre todo en pop con mucha presencia de teclados: Depeche Mode, Talk Talk, Prefab Sprout, incluso Kraftwerk, que son anteriores... Son grupos que pinchaba de joven en un pub de Mungia en el que trabajaba como DJ siete horas el viernes y siete horas el sábado. Como este último disco lo he enfocado de una manera menos racional que de costumbre, el 'background' que llevo dentro ha salido a flote. Ha sido como hacerme un psicoanálisis musical: a veces aparecen cosas que tenías guardadas sin ser muy consciente de ellas.

- El disco llega poco después de la fugaz gira de resurrección de Pi L.T. mientras sigue usted tocando con Mikel Urdangarin y Lou Topet. Metal, pop, folk... Nada se le resiste...

- Cuando empecé mi carrera en solitario en una onda claramente diferente a Pi L.T. lo hice con total naturalidad. No me planteaba dar un salto tan heavy a nivel estilístico porque la música siempre la he entendido de la misma manera: ritmo, melodía y armonía. Me da igual escuchar a Tchaikovsky que a Motörhead. Como oyente, disfruto de estilos muy diferentes, lo mismo me gustan Kraftwerk que Cat Power, y si a la hora de escuchar música carezco de prejuicios, ¿por qué debo tenerlos al hacerla? Saltar de un estilo a otro es algo que he hecho sin pensarlo y sólo me he dado cuenta de lo que supone porque no hacen más que comentármelo. La gente se sorprende pero yo lo llevo con mucha naturalidad.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos