Ozores: «Para ver 'La cantante calva' lo mejor es dejarse llevar, sin prejuicios»

Ozores: «Para ver 'La cantante calva' lo mejor es dejarse llevar, sin prejuicios»
Adriana Ozores, actriz

Junto a Fernando Tejero, Joaquín Climent y otros tres actores protagoniza desde hoy en Donostia la obra de Ionesco, inicio del teatro del absurdo

ROBERTO HERREROSAN SEBASTIÁN.

A principio de los años 50 surgió lo que se conoce como teatro del absurdo. Ionesco, con 'La cantante calva', y Beckett con 'Esperando a Godot', fueron sus fundadores. Esta producción estrenada en el Teatro Español de Madrid, pretende, en palabras de su director Luis Luque, «que vuelva a recordarnos el galimatías social en el que nos encontramos y que nos deja tan perplejos y desorientados». Hasta el sábado se puede ver en el teatro Victoria Eugenia.

- ¿La cantante calva es una tragedia que nos hace reír?

- Sí. Es una tragedia que ni los mismos personajes saben que la están viviendo. Pero lo que se ve desde fuera es algo terrible que al mismo tiempo nos da risa.

- Aunque desde Genet a Beckett o Arrabal, pasando por el propio Ionesco, grandes autores han escrito teatro del absurdo, ¿es un género bastante desconocido?

- Es una manera de transmitir y de contar las dificultades que todos tenemos, no solamente a lo largo del tiempo histórico, también en los momentos concretos que vive el ser humano. Ionesco habla de todo esto de una manera genial, lo hace desde el juego. Nosotros nos los hemos planteado también como un juego, que igual que el humor a la hora de contar cosas profundas es un vehículo estupendo.

- ¿Es una adaptación fiel?

- Totalmente fiel, es una obra que trasciende a su época. Como ocurre con las grandes obras y autores, no habla de un tiempo en concreto, no se centra en un momento histórico. Habla de la condición humana, que es eterna.

- ¿La incomunicación es el tema esencial de la función?

- No solo la incomunicación con los otros, sino sobre todo la desconexión de uno mismo con las necesidades reales, con la autenticidad. Estos personajes son incapaces de reconocerse, de mirarse hacia dentro.

- Personajes estrafalarios, de apariencia incluso ridícula, textos que pueden parecer sin sentido. ¿La identificación del público con la propuesta es complicada?

- Claro que cuesta. Hay una primera capa, la del humor, ¡qué locura, cuánto me río! Es el lenguaje del payaso, al que no le hace falta pensar cuando tiene que dar una torta o se cae de una escalera. No se hacen razonamientos psicológicos. Pero el público percibe igualmente todo ese alma de Ionesco, no solo lo explícito, también lo implícito. Por eso se ríen mucho con la obra y luego te comentan que les ha hecho pensar.

«El público se ríe mucho con la obra y luego te comentan que también les ha hecho pensar»

- ¿Lo mejor con obras como esta es que el público se deje llevar?

- Exactamente Ábrase a lo que vea. La actitud del niño, libre de prejuicios, es la mejor. El resto vendrá por añadidura. Va a venir porque inevitablemente el espectador va a recibir la hondura que tiene el texto.

- ¿Tiene 'La cantante calva' mucho de juego intelectual?

- Lo tiene el alma de Ionesco, su planteamiento. Pero debemos sumergirnos en esa atmósfera sin entrar a ese juego intelectual. Porque entonces uno se pierde. Para nosotros es importante conocer al autor, claro, y luego abandonarse a ese misterio de lo que quiere contar.

- ¿Qué es para usted lo esencial a la hora de interpretar?

- Ser honesta conmigo y con el personaje. Intentar dar lo mejor. Creo que es una cuestión de compromiso y de honestidad y lo es también para la vida en general. Ha habido cosas con un guion o situaciones con un director con las que no estaba de acuerdo y lo he peleado hasta el fin. Cuanto más creces como persona más lo haces también como actor. Y viceversa.

- ¿Supongo que pertenecer a una familia con varias generaciones de actores ayuda?

- Claro, es una maleta maravillosa, llena de confianza y de toda la experiencia de seis generaciones. Eso es oro, ya tienes mucho trabajo hecho. Es un gran regalo.

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