Diario Vasco

Tesoros de madera y hierro

Su armazón de madera, magníficamente conservado, y el lagar de sidra que guarda dentro lo convierten en uno de los caseríos vascos más interesantes
Su armazón de madera, magníficamente conservado, y el lagar de sidra que guarda dentro lo convierten en uno de los caseríos vascos más interesantes / Galilea
  • Igartubeiti, La Antigua y Mirandaola encabezan una nueva oferta turística para grupos en Urola Garaia

A las faldas del monte Aizkorri, en la Gipuzkoa profunda que sigue conservando la magia de espesos bosques, ferrerías, templos y caseríos centenarios, encontramos la comarca de Urola Garaia. «Un territorio precioso donde la madera y el hierro se funden de forma única», describe Edurne Etxeberria, técnica del área de Turismo de la zona. La responsable comarcal destaca especialmente las huellas del modo de vida del siglo XVI. «Su fascinante manera de encajar los recursos naturales con las necesidades del momento llegan hasta nosotros a través de los vestigios que aquella época dejó en Urola Garaia, como el latido de la ferrería de Mirandaola, en Legazpi, donde se mantiene viva toda la fuerza y la pasión que han rodeado al hierro en este valle; la madera por su parte, llega hasta nuestros días a través de diferentes manifestaciones, la podemos admirar de una forma contemplativa en la ermita de La Antigua, manteniendo el espacio en pie, respirando vida, acogiendo y reflejando el carácter del propio pueblo de Zumarraga, o sentirla en movimiento, crujiendo en el magnífico lagar del caserío Igartubeiti, que continúa elaborando la sidra como se hacía cinco siglos atrás», explica la responsable de turismo comarcal.

Estos tres enclaves, La Antigua en Zumarraga, Igartubeiti en Ezkio y Mirandaola en Legazpi, lideran una nueva propuesta turística en Urola Garaia, ideada para grupos superiores a 20 personas. «Los distintos recursos del sector han colaborado entre sí para crear una oferta adaptada a las necesidades y gustos de este prototipo de público, básicamente, formado por asociaciones culturales, pensionistas y jubilados, alumnos de euskaltegis... que junto a los escolares, integran el principal grueso de visitantes de Urola Garaia fuera de la temporada alta de Semana Santa, puentes y verano», comenta Etxeberria. En estas fechas del año, muchos de esos grupos despiden el curso organizando salidas por los parajes de alrededor. «Urola Garaia, situada a 45 minutos de Donostia y con una estupenda conexión con Bilbao, Vitoria y Pamplona, les ofrece cinco planes para perderse en sus encantos», señala la técnica de Turismo. «Esos planes pueden ser para medio día o para día completo y todos tienen guía, parking, aseos, horarios flexibles y precios muy asequibles», apunta. Se les suman varios extras. Uno de ellos es la oportunidad de visitar espacios que, habitualmente, no entran dentro del circuito turístico de la comarca, como la parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Legazpi, donde se puede contemplar la Cruz aparecida a los ferrones de Mirandaola en 1580 presidiendo el altar o su hermoso retablo barroco del siglo XVIII, uno de los pocos de Gipuzkoa que combina la policromía con el pan de oro y el marmolado, obra del escultor Pedro Quintana. El otro plus de la nueva oferta turística de Urola Garaia se propone conquistar los paladares de los visitantes. Y es que los productores locales les darán a probar sus manjares mediante degustaciones que se desarrollarán en los distintos puntos del itinerario: una cata de miel en el museo de las abejas Aikur de Urretxu, un hamaiketako de queso y sidra en el caserío Igartubeiti o un pintxo de txistorra con pan del caserío Igeralde y sidra en la ferrería de Mirandaola. También se ha trabajado la oferta con los restaurantes de la zona, configurando una lista de 29 establecimientos hosteleros dispuesto a acoger a grupos superiores a 20 personas dentro de la iniciativa.

La carta de viajes grupales se divide en dos planes encabezados por La Antigua, otros dos por el Valle del Hierro y uno por Igartubeiti. «No obstante, son opciones orientativas, cuyo fin es ofrecer una propuesta estructurada a los grupos, para que conozcan las múltiples opciones que ofrece Urola Garaia, a partir de ahí, pueden configurar también un plan a su medida, explica Edurne Etxeberria.

En el Camino Ignaciano

La ermita de La Antigua y el centro de interpretación inaugurado en sus aledaños hace tres años conforman una de las joyas del itinerario por Urola Garaia. Este templo medieval fue la primera parroquia de Zumarraga hasta 1576, año en el que comenzó a serlo Santa María de la Asunción, situada en el casco urbano. Se cree que La Antigua, en realidad ermita de Santa María, empezó a conocerse como tal por su antigüedad y porque, al construirse la nueva parroquia comenzaron a referirse a ella como la vieja. Los primeros documentos en los que aparece mencionada pertenecen al año 1366. En su fachada sur, destaca una portada románico-gótica. Pero la verdadera magia se esconde en su interior, mezcla de piedra y madera. El coro, las tribunas y la cubierta están construidas en este último material. En sus vigas se aprecian tallas de ruedas que representan al sol y al fuego en la cultura celta, así como relieves de cabezas, dragones o bustos de mujer. El templo fue declarado monumento histórico nacional en 1964.

El centro de interpretación colindante, una infraestructura moderna de 1.305 metros cuadrados, da a conocer la evolución de Zumarraga, la ermita y el valle, mediante un recorrido histórico que comienza en el siglo XIV y llega hasta nuestros días a través de paneles táctiles, textos, fotos y vídeos. El edificio alberga espacios para exposiciones y un restaurante.

Este enclave forma parte de la primera etapa de la peregrinación realizada por Ignacio de Loyola de Azpeitia a Manresa. Bautizada como ‘La Ruta de los Tres templos’, enlaza el santuario de Loyola, La Antigua y Arantzazu y forma parte del proyecto ‘Tierra Ignaciana’.

Embajador del caserío

Igartubeiti, alzado a mediados del siglo XVI en los parajes de Ezkio, es un magnífico embajador de la Edad de Oro del caserío vasco. Posee una estructura original de madera excelentemente conservada y alberga un gran lagar de sidra todavía en activo. El interior de la casa se ha convertido en un museo, que recrea cómo era la vida en un caserío de hace cuatro siglos, con el mobiliario, las herramientas e incluso, la luz y los aromas que lo envolvían en el día a día.

La fuerza de Mirandaola

La ferrería de Mirandaola sigue manteniendo viva una parte importante de la historia de Legazpi. El primer dato escrito sobre ella data de 1401 y hace referencia a la venta de una parte de la misma, por lo que se deduce que es de una época anterior, de finales del siglo XIV. La última reseña escrita de ella en cambio, corresponde a 1822 y hace alusión a su quema. Alrededor de esa fecha, el edificio sufrió un gran incendio y no volvió a reconstruirse. Corrían tiempos difíciles para las ferrerías y todas las existentes en el País Vasco cerraron durante el siglo XIX debido al proceso de industrialización y la llegada de los Altos Hornos. Mirandaola siguió utilizándose como molino harinero hasta el siglo XX. El empresario Patricio Echeverría decidió reconstruirla en 1952 y hoy sigue funcionando en todo su esplendor a través de la fundación Lenbur, convertida en uno de los elementos patrimoniales más importantes de Gipuzkoa. Junto a ella, puede visitarse el Museo del Hierro Vasco, puerta de ‘La Ruta de las Ferrerías’.

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