Diario Vasco

¿Qué pasa cuando tomamos un café?

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El artista mexicano Fernando Palma está pintando 'in situ' para la exposición un mural de 18 metros relacionado con el cacao. / FOTOS MICHELENA

  • Tabakalera inaugura mañana la exposición 'Estimulantes: colofón y euforia'

  • La muestra es una reflexión sobre el papel que juegan sustancias como el tabaco, el azúcar o el café en la economía, en la sociedad y en la cultura

¿Qué hay detrás del gesto de tomar un café? ¿Y si a quien se le suministra ese café es a una araña? ¿Cómo repercute en la sociedad que una persona compre un paquete de tabaco? ¿Por qué tomar alcohol en algunas zonas del planeta está mejor considerado que en otras? Tras estos actos, en muchas ocasiones rutinarios, hay un sinfín de condicionantes, de cuestiones económicas, sociales y culturales en los que reflexionó Tabakalera a lo largo del año pasado dentro del programa 'Estimulantes: colofón y euforia' y que ahora tiene su colofón en una exposición que se inaugura mañana.

Este proyecto tiene como punto de partida la idea de que «nuestros modos de entender la cultura y el pensamiento racional son por norma contrarios a la embriaguez y a la euforia, pero cómo negar el papel que han jugado los estimulantes en los procesos históricos que han determinado el tiempo presente».

«El tema es inabarcable», explica Oier Etxeberria, responsable de proyectos artísticos de Tabakalera y comisario de la exposición, con la asesoría de Max Jorge Hinderer Cruz y Pablo Lafuente. «Cuando comenzamos a prepararlo me preguntaba si iba a dar para mucho, pero es como una red que se expande y puedes analizar muchas cuestiones. Esta exposición es importante porque solidifica todo el programa que hemos realizado hasta ahora. Las conferencias y los debates públicos se los puede llevar el viento. La muestra es una manera de concretar las reflexiones. Este programa es un intento de desmenuzar la compleja realidad de un planeta globalizado a través de un proyecto que tiene en los estimulantes modernos su objeto de estudio».

El comisario recuerda que «mercancías como el tabaco, el café, el azúcar o el cacao han terminado por ocupar un lugar preponderante en nuestras sociedades a partir del despliegue de las grandes rutas trasatlánticas. La conquista de estos productos supone tanto la posibilidad de acelerar el organismo humano, potenciando la fuerza de trabajo, como de generar nuevos espacios de ocio derivados de sus usos recreativos. El estudio de los estimulantes modernos nos permite tejer una trama en la que se relacionan la búsqueda de lo exótico y la dieta alimenticia, el surgimiento del trabajo industrial y la explotación de los recursos naturales, o el colonialismo y el nacimiento de nuevas teorías sobre la sensibilidad en el mundo moderno».

Artistas e instituciones

Ayer, la amplia sala de exposiciones del centro cultural era un trajín constante de operarios y artistas, montando una muestra en la que se encuentran desde nombres como el premio Nobel Santiago Ramón y Cajal, surrealistas como Maruja Mallo, Nicolás de Lekuona, la nigeriana Otobong Nkanga, el activista Fernando Palma, el poeta Henri Michaux o los vascos Jorge Oteiza, Juan Luis Moraza, Lorea Alfaro e Ibon Aranberri, entre otros.

«Es un lujo que artistas relevantes hayan querido participar con obras creadas expresamente para 'Estimulantes: circulación y euforia'», resalta Etxeberria, quien también destaca que «hay representantes prácticamente de todo el mundo porque el concepto sobre qué es estimulante y cuál es su rango dentro de la sociedad varía mucho según la zona de dónde se proceda. Me gusta pensar que la exposición es como un ensamblaje. No queremos dar una opinión sino ensamblar un montón de materiales para que el visitante realice su interpretación». Para ello, además de las obras de arte, se ha incluido mucha de la documentación generada el año pasado en las conferencias, debates y talleres «y que ayudan a contextualizar algunas decisiones estéticas que se han tomado en la exposición».

También hay bastantes obras cedidas por instituciones como el Museo Oteiza, el Reina Sofía, Artium, Museo San Telmo, Untzi Museoa y el Centro Superior de Investigaciones Científicas de Madrid.

La exposición está dividida en siete capítulos con una narración interna, en unas ocasiones más evidente que en otras. El punto de partida es el sistema nervioso «entendido como algo que no solo está dentro de nosotros sino expandido, que nos atraviesa, algo global. Cuando tomamos un café estamos sumergiéndonos en relaciones económicas que tienen que ver con la navegación, con la explotación, con la naturaleza, con las costumbres de un país...».

Para que el discurso sea más sencillo se han fijado tres principios básicos que se explican en el inicio de la muestra, por la entrada de la calle Duque de Mandas. Tres obras resumen los contenidos. A lo largo de toda la exposición cada pieza llevará un color que la remitirá a uno de esos tres elementos.

La circulación económica está representada por una obra del neoyorkino Mark Lombardi, un bibliotecario y pintor que se hizo famoso por sus pictogramas en los que denunciaba diversas conspiraciones mundiales. En concreto el que se presenta en Tabakalera se centra en el hundimiento del banco australiano Hankook. «Empezó a investigar y relacionó este suceso con operaciones de la CIA en Sudamérica, las relaciones de Tailandia y el opio, guerra de drogas... Es una cosa como de locos, pero tiene detrás una investigación impresionante».

Una serie de dibujos que Santiago Ramón y Cajal realizó durante sus investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro remite a la circulación biológica. «Cuando tomamos un café nos altera el sistema nervioso, pero al mismo tiempo también tiene que ver con el sistema económico», resume Etxeberria.

Por último está la circulación que se podría llamar cósmica, planetaria o «del sentir». En ocasiones estos estimulantes inducen a plantearse cuestiones sobre el yo o el devenir. Para ilustrar esta sección se han elegido unos dibujos a cera de la surrealista Maruja Mallo. La pieza 'Circulación en redondo del paisaje vasco-Orreaga' de Jorge Oteiza hace referencia a la idea del paisaje como algo metafísico.

La fábrica de tabaco

El recorrido prosigue con un capítulo denominado 'Fábrica de tabacos' que tiene que ver con el consumo de este producto y también con la llegada de industrialización y por consiguiente la aceleración de tiempo en el trabajo. Una pipa diseñada por Oteiza, obras de Nicolás de Lekuona, de Carlos Sáenz de Tejada y una instalación de la alemana Alice Creischer se encuentran en esta zona en la que también se han incluido una serie de fotografías de la antigua sede de la Tabacalera donostiarra en la calle Garibay y del solar donde se construyó el edificio que ahora alberga el centro cultural.

En la exposición hay una atención especial al surrealismo porque «además de hacer una crítica voraz al sistema económico y social que se estaba formando -en los años 20 del siglo pasado- también puso el foco en otras culturas y se replanteó la antropología». Antonin Artaud y Henri Michaux son los representantes clásicos de este movimiento y Erick Beltrán de las nuevas generaciones.

Una particular carpa realizada por la austriaca Ines Doujak acogerá un vídeo sobre la relación entre la heroína y la guerra. «El opio es ilegal, pero todo el mundo sabe que muchos de los medicamentos actuales tienen opiáceos». Su obra se completa con otras dos piezas realizadas con telas con referencias a plantas tóxicas. La artista de Tafalla Lorea Alfaro hace un retrato sonoro de un músico rap en donde se explora la vinculación entre los estimulantes, la adolescencia y la cultura de calle.

También hay una mirada al pasado, a la cartografía que crearon los primeros viajes trasatlánticos y que tuvieron relevancia especial en Gipuzkoa a través de la Real Compañía de Caracas. Ahí se unen los viajes de colonización, que a la vuelta traían sustancias y oro, con un alto en África para hacerse con esclavos.

Un dibujo en la parte final de la exposición explica cómo teje su red una araña a la que se ha dado café.

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