NUEVA YORK. DV. Para muchos, se trata de una obviedad, pero su carácter oficial asesta un duro golpe al discurso antiterrorista al que se agarra el presidente George W. Bush para justificar la guerra contra Irak. El informe clasificado al que han tenido acceso los diarios The New York Times y The Washington Post, por este orden, establece por primera vez que las acciones militares de EE UU en Irak han empeorado el problema terrorista en todo el mundo.
Un mensaje que desmonta el de Bush, repetido hasta la saciedad en los discursos que precedieron este mes al quinto aniversario de los ataques del 11-S, y con los que consiguió remontar su popularidad en las encuestas. «EE UU está más seguro», insistió en el que ofreció en Atlanta.
En realidad, el informe de la National Intelligence Estimate (NIE, por sus siglas en inglés), que representa el consenso de 16 agencias de espionaje dentro del Gobierno estadounidense, considera que no sólo no se ha conseguido reducir el alcance del terrorismo que provocase los terribles ataques del 11-S de 2001, sino que desde entonces éste se ha expandido como una «metástasis» por todo el globo.
Irak ha resultado clave para la expansión de este cáncer. Por un lado, el informe de 30 páginas señala que el extremismo islámico ha encontrado en la invasión de Irak una fuente de inspiración. Por el otro, el informe advierte de que los militantes islámicos que luchan en Irak pueden regresar a sus países de origen «exacerbando los conflictos domésticos y fomentando ideologías radicales».
El documento no está específicamente centrado en Irak, sino que se titula «Tendencias en el Terrorismo Global: Implicaciones para Estados Unidos». Lo que ocurre es que cada vez es más difícil separar lo uno de lo otro. La comunidad de inteligencia que lo ha redactado es la misma que en el pasado acusó al país de Sadam Hussein de poseer armas de destrucción masiva y estar a una década de fabricar la bomba atómica. Aquella pifia provocó una reforma del cuerpo, entonces dependiente de la CIA, con la que se transfirió su control a una nueva oficina que dirige John Negroponte, ex embajador en Irak y en la ONU durante el periodo de la invasión. Su firma está impresa en el informe.
Por otra parte, ayer continuaron las reacciones ante la supuesta muerte de Bin Laden. El Gobierno de Arabia Saudí, los servicios de inteligencia paquistaníes y el ministro de Exteriores francés rechazaron ayer el informe publicado por un diario galo según el cual el líder de la red terrorista Al-Qaida, Osama bin Laden, había muerto.
«El Reino de Arabia Saudí no tiene ninguna evidencia que apoye el informe sobre la muerte de Bin Laden», aseguró el Gobierno de Riad en un comunicado. «La información no puede ser verificada de manera independiente y, por lo tanto, es pura especulación», agregó la nota.