MADRID. El acoso y la violencia escolar (AVE) envenenan las aulas españolas. No son conductas aisladas, ni chiquilladas, ni son lo normal. Se trata de comportamientos bien enraizados que prosperan en medio del silencio institucional y la impunidad social. El 23,3% de los estudiantes españoles, casi uno de cada cuatro, es víctima de sus compañeros y sufre agresiones u hostigamiento psicológico que pueden dejar graves secuelas de por vida en la víctima, y forjar futuros matones entre los acosadores escolares.
El balance del mayor estudio epidemiológico realizado en España es demoledor. El Barómetro Cisneros X sobre violencia y acoso escolar ha evaluado a 25.000 estudiantes, desde segundo curso de Primaria (7 u 8 años) hasta Bachillerato (16 a 18 años), de más de 1.150 aulas completas en catorce comunidades autónomas, y sus conclusiones dejan pequeñas todas las estimaciones previas sobre el alcance del fenómeno.
«La mayoría de los estudios están sesgados a la baja porque se banaliza el fenómeno, hay una negación institucional, siempre ocurre en el colegio de enfrente, no en el propio y, sobre todo, porque se deja fuera el acoso psicológico», dijo Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y coautor del trabajo.
De hecho, es el acoso psicológico la peor forma de maltrato escolar, la más abundante -el 90% de los casos- «la más lesiva» y difícil de detectar. Hace más daño en la psique y la autoestima del niño acosado el hostigamiento, el vacío a su alrededor, el bloqueo social, la estigmatización, los insultos constantes, que la mera agresión física, dicen los expertos. Los comportamientos más frecuentes son el uso peyorativo de motes (14%); retirar la palabra (10.3%); reírse ante equivocaciones (9.2%); insultos (8.7%); o acusaciones falsas (7.5%).
El acoso -también conocido por un término bullying que los expertos consideran confuso- se da por igual en la escuela privada, pública que concertada y abunda más entre lo menores. Los niños más pequeños del estudio tenían cuatro veces más riesgo de sufrir acoso y violencia; en tercer curso de Primaria, el 43.6% de los pequeños declara alguna modalidad, y un 41.4% en segundo curso. La prevalencia desciende entre los mayores, hasta un 11.4% en primero de Bachillerato.
«No hay ningún perfil de víctima». Iñaki Piñuel es rotundo. Cualquier chico o chica puede sufrir acoso escolar porque no hay razones objetivas que lo justifiquen. Los acosados no son diferentes, ni tienen ningún tipo de «cojera psicológica» que los haga susceptibles. «Cualquier cosa puede desencadenar el 'efecto señal' que convierte a un niño en objetivo potencial», recalcó. Llegar tarde a clase, hacerse pis, sacar buenas notas, sacarlas malas, ser el más alto, el más gordo, la más guapa... COLPISA