Domingo, 10 de septiembre de 2006
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OARSOALDEA / Parpadeos que hablan
Los pasaitarras Pedro Palomo y José Mari Arrázola han creado Iriscom, un sistema que permite a personas con un alto nivel de discapacidad comunicarse a través del movimiento de los ojos
OARSOALDEA / Parpadeos que hablan
Pedro Palomo y José Mari Arrázola perfeccionan su invento. [ELENA VIÑASI]
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LOS DATOS
Iriscom: No sólo es el nombre del sistema ideado por Pedro Palomo para quienes sufren un alto nivel de discapacidad, sino también el de la empresa fundada por el propio Palomo y José Mari Arrázola para su comercialización.

Funcionamiento: Se basa en la intepretación del movimiento del ojo. Deduce a dónde mira y envía allí el puntero. Un parpadeo más lento de lo habitual sirve para pinchar, igual que el clic de un ratón.

Sistema: Se basa en una cámara, dos fuentes de luz infrarroja de muy baja potencia y el software, elementos que se pueden añadir a cualquier ordenador personal.

Coste: Asciende a 6.000 euros, a los que se suman entre otros 1.800 si el usuario solicita la instalación del equipo a Iriscom con toda suerte de programas y servicios añadidos.

Contacto: A través de la web www.iriscom.org o llamando al teléfono 619-288104.

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OARSOALDEA. DV. Se ha convertido en la última esperanza de aquellos que, a consecuencia de una grave enfermedad o de un accidente, han perdido la movilidad de todo su cuerpo y con ella, también la capacidad de comunicarse. Iriscom, el sistema ideado por Pedro Palomo, un ingeniero madrileño afincado en Pasai Antxo, les ofrece la posibilidad de hacerlo a través del movimiento de sus ojos. Basta con añadir una cámara, dos fuentes de luz infrarroja de escasa potencia y el software correspondiente a cualquier ordenador, para que las personas con un alto nivel de discapacidad puedan transmitir el mensaje que deseen a sus familiares y cuidadores.

Fue otro pasaitarra, José Mari Arrázola, presidente desde hace doce años de la Asociación de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) del País Vasco, quien se propuso buscar una solución al problema que padecen muchos de estos enfermos, que llegan incluso a perder la voz. Ese era el caso de su mujer, ya fallecida. «Desde la asociación, queríamos hacer algo para mejorar su calidad de vida y pensamos que el mejor campo en el que podíamos hacerlo era en el de la comunicación. Se lo propuse a Pedro. Somos amigos desde hace casi treinta años y, como está muy volcado en el mundo de la informática, le pedí que intentara desarrollar algún proyecto», recuerda.

Pedro hizo suyo el reto y se lanzó a investigar. Según explica, «los enfermos de ELA pierden el control sobre todos sus músculos. La única posibilidad que nos quedaba era el movimiento del ojo, así que empecé a mirar que sistemas existían en el mundo que nos pudieran ayudar».

Su búsqueda le llevó hasta una pequeña empresa situada en Arizona y a un método de control por la vista utilizado en los aviones de caza. «Contacté con ellos. Tenían un sistema que podía servir y me fui a verles. Empezamos a trabajar en el desarrollo de un nuevo sistema conjunto hasta que en octubre de 2003 nuestro sueño se hizo realidad».

Habían sido capaces de crear una técnica que, basada en las nuevas tecnologías, ofrecía la posibilidad a los enfermos de manejar un ordenar con sus ojos, o mejor dicho con su pupila, la misma que dos haces de luz infrarroja se encargan de iluminar para que una cámara la siga y deduzca a qué lugar o a qué icono de la pantalla mira. Un parpadeo suave y el navegador de internet se pone en marcha. Otro parpadeo y arranca una partida de solitario. Un tercero y todo está listo para chatear.

Escribir es tan fácil como ir parpadeando sobre la imagen de un enorme tablero. Cuando el texto finalmente se ha completado, las grafías se convierten en voz con ayuda de un sintetizador. «Me duele la cabeza», dice el ordenador por orden del que lo maneja. «Puedes irte, no te necesito», le informa a un cuidador. Y los mensajes se suceden: «Dame un beso»; «Apaga la televisión»; «Gracias»; «¿Cómo te encuentras?».

Idea premiada

Satisfechos de cuanto habían conseguido, José Mari Arrazola y Pedro Palomo decidieron unirse y fundar una empresa para la venta y distribución de su producto. Así nacía Iriscom, una entidad que recibe el mismo nombre que su invento. La presentación oficial de éste no pasó desapercibida y ese mismo año fueron distinguidos por el primer premio Nueva Empresa Vasca, concedido por Garapen.

Pronto comenzaron a llegar las consultas. «Nos llamaban familiares de personas con otro tipo de discapacidades, pero con el mismo resultado, se habían quedado enclaustradas en sí mismas. La demanda fue creciendo, incluso fuera de España, a raíz de una entrevista que le hicieron a Pedro en la BBC», comenta Arrazola.

Más de cien clientes

En la actualidad, sus clientes se cuentan por decenas. «Sirve para enfermos de ELA, gente que ha sufrido un infarto cerebral, personas con daño medular y para niños con parálisis cerebral que a los 6 u 8 años quedan bloqueados en su formación porque no tienen posibilidades de comunicarse con sus padres y profesores. Esto les permite poder engancharse a los sistemas de educación y poder aprender a leer y escribir».

Los responsables de Iriscom ya han instalado más de un centenar de equipos, la mayoría de ellos en distintas comunidades autónomas, pero también en Portugal, Francia y Reino Unido. «Eso no quiere decir que quienes los utilizan sean cien personas -puntualizan-. Son muchas más, ya que algunos de ellos se encuentran en centros de discapacitados con un montón de usuarios».

Su precio es de 6.000 euros, cerca de un millón de las antiguas pesetas. «Puede parecer una cantidad elevada, pero es cuatro veces más barata que las alternativas que hay en el mercado», sostiene Palomo. Si el cliente solicita la instalación y toda suerte de programas añadimos, deberá abonar otros 1.800 euros.

«Los enfermos de ELA del País Vasco tienen acceso al equipo a través de una donación que las cajas de ahorro de Gipuzkoa y Bizkaia hicieron a las asociaciones», indican sus promotores, quienes añaden que «no pretendemos vender un equipo informático, sino instalar un sistema de comunicación. En cada ocasión, acudimos a la casa de la persona discapacitada, le hacemos una prueba para ver si puede usarlo, le formamos a ella y a sus cuidadores y le ayudamos a conseguir los recursos necesarios para pagarlo, además de ocuparnos de que el tema funcione posteriormente. Este no es un sistema que permita hacer miles de instalaciones cada año, pero lo que sí garantizamos es que quien lo tiene le saca chispas».

Para abaratar costes y mejorar utilidades, llevan tiempo trabajando con la Universidad Pública de Navarra. «Dentro de poco sacaremos la evolución el sistema actual. Esperamos que esté en el mercado a principios del año que viene. Será algo más económico, aunque no resulta fácil, dado que los elementos son caros y las horas de desarrollo, muchas. También intentamos mejorar la resolución, incluyendo pantallas de mayor tamaño, así como una serie de funciones que de momento no tiene», declara el ingeniero madrileño.



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