Sábado, 9 de septiembre de 2006
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Azafatas por horas
Media docena de empresas ofrecen en Gipuzkoa los servicios de azafatas para conciertos, congresos...
Dos azafatas trabajan en los Cursos de Verano de la UPV, en el Palacio Miramar. [IÑIGO IBAÑEZ]
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En conciertos, congresos, festivales y eventos varios. Ahí las encontraremos siempre. En una esquina, abriendo la puerta, acomodando a los asistentes o simplemente sonriendo. Tareas sencillas, pero requeridas. Casi nadie nace queriendo ser azafata, pero lo cierto es que este empleo sirve a muchos jóvenes para costearse algunos de sus gastos o reunir sus primeros ahorros. La gran mayoría no son profesionales sino estudiantes: de Ingeniería, Química, Medicina o Periodismo. Apenas importa. Se les requiere buena presencia y dotes comunicativas, además de las exigencias propias de cada cliente. Algunos buscan chicos fuertes y guapos; otros, chicas educadas que conozcan varios idiomas y otros, simplemente jóvenes con iniciativa.

En Gipuzkoa, media docena de empresas se dedican a estas labores. Entre ellas se encuentran Tisa, Lankor y Sureuskadi, en San Sebastián. Esta última se dedica a surtir este tipo de personal al auditorio del Kursaal y tambien trabaja en los diferentes conciertos que se dan cita en la capital y fuera de ella. Depeche Mode, Dylan, Shakira, La Oreja de Van Gogh, U2, Rolling Stones...

Desde la página web de la compañía, los interesados pueden enviar su currículum quedando éste en una base de datos a la espera de que encaje con el perfil y el puesto requerido en cada momento. «Después, se les hace una entrevista personal y si nos gusta, realizamos un contrato por evento», explica Antxon Oruesagasti, director comercial de Sureuskadi. «Algunos trabajan todos los meses del año, pero lo cierto es que en verano recibimos muchas más solicitudes de trabajo», añade.

Euskera, imprescindible

Al mes, esta empresa cuenta con una media de 50 empleados, cifra que suele variar en función de los eventos previstos para el periodo. El mayor volumen de contratación lo vivieron con el concierto de U2. En él participaron 300 jóvenes contratados exclusivamente para la ocasión. «Trabajamos, pero además pudimos disfrutar de un concierto histórico. Es una forma indirecta de estar en los eventos más importantes de la ciudad», comenta Iratxe Paz, estudiante de Químicas que trabajó el pasado verano en la Quincena, en el Jazzaldia y en el concierto de U2. Algo semejante ocurrió en conciertos como el de Shakira en Pamplona o el de Depeche Mode o Bob Dylan en Donostia. «Vas a trabajar, pero si además tienes la oportunidad de escuchar a uno de tus grupos favoritos, muchísimo mejor», explica Ana Egaña, estudiante de Periodismo y ex azafata de Sureuskadi. «Son días concretos y eso te permite hacer planes de verano. Esa flexibilidad es atractiva para cualquier joven, porque no te ata a estar los dos meses de verano trabajando sin descanso», añade.

El caso de Lankor es similar. Esta empresa organizadora de eventos incluye entre sus servicios el de azafatas e intérpretes. «El euskera es indispensable en este trabajo, y después el resto de idiomas, por supuesto», explica Larraitz Varona, una de las encargadas de la sección de eventos de la compañía. «El sueldo base es de siete euros a la hora pero varía en función del conocimiento de idiomas. Si el cliente nos exige una chica que domine el inglés o el francés, lo valoramos a la hora de pagar. El euskera, sin embargo, es una condición obligatoria que no contamos como algo extra en los sueldos», comenta.

Tisa, otra de las empresas dedicadas a esta labor, coincide en la importancia de los idiomas a la hora de escoger a las chicas. Las cuestiones físicas pasan a un segundo, incluso tercer plano. «En principio no hacemos distinciones a no ser que el cliente sea el que busque un modelo de chica en concreto. En ese caso, buscamos en nuestra base de datos la persona que mejor se adapte al perfil solicitado», explica una de las responsables de la empresa.

Otra cara de la moneda

También son muchos los que afirman que este empleo dista mucho de ser el trabajo perfecto. El puesto de azafata en la zona Vip de un concierto estrella puede convertirse al día siguiente en cinco horas en la zona de aseos del Kursaal. El dolor de pies, más aún con tacones, y un aburrimiento de esos que lleva a uno a mirar el reloj cada cinco minutos, simbolizan el lado menos amable de la misma tarea. «Cada hora me parecía una eternidad, pero debía poner la mejor cara. En el fondo, es lo que se nos exige», explica una azafata. El sueldo, de cinco a siete euros independientemente de la labor, también es motivo de queja para muchos. «No se valoran ni los estudios, ni el conocimiento de idiomas a la hora de pagar, y cobramos una miseria», explica otra joven.

En septiembre, el Festival Internacional de Cine se convierte en otro hervidero de azafatas. La propia organización es la encargada de contratarlas para los diez días. Este año contarán con un total de 100 chicas y auxiliares de relaciones públicas que proceden en su mayoría de la Escuela de Turismo de San Sebastián, aunque no exclusivamente. «La mayoría son estudiantes y colaboran en régimen de prácticas. Sólo los puestos de mayor responsabilidad en los que se valora la veteranía se hacen por contrato de trabajo», indica Blanca Marín, del departamento de prensa del Festival. «Buscamos chicas mayores de edad, estudiantes, con buen nivel en idiomas, que conozcan la ciudad, de trato amable y aptitudes para las relaciones públicas... Ahí es nada».



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