Aunque la música contemporánea, por el momento, no arrastre masas, conciertos como el de ayer le resultan de gran ayuda en su afán de ganar adeptos. Y es que el recital que ofreció Mario Caroli fue simplemente impresionante. Dotado de unas cualidades ilimitadas como flautista, derrochando talento, técnica, una asombrosa energía, gran musicalidad y con un gesto musical tan sensual como elegante, diseñó un concierto que no permite réplica alguna.
Arrancó la velada con la fascinante Laconisme de L'Aile. El solista comienza con poesía, susurrando unas palabras que posteriormente son sustituidas por los dulces sonidos de la flauta que intentan imitarlas. Bello y bonito inicio. Tras una breve interpretación de Doloroso de una extrema delicadeza, se estrenó 'Red' de María Eugenia Luc, de una vibrante e intensa musicalidad que gustó por sus variados y sugerentes efectos. En Sori, de Isang Yun, de carácter más melódico, hizo cuanto quiso con su instrumento, con un exquisito tratamiento del sonido, unos inicios y finales de fraseo cuidados al detalle y con una afinación perfecta, demostró tener un dominio de su flauta absolutamente completo. Con la compleja y muy exigente Carceri D'Invenzione de Ferneyhough y con Morte Tauburo de Sciarrino regresaron los efectos, los continuos y precisos ataques, los contrastes y las agudísimas notas. Mario Caroli las resolvió con maestría y absoluta precisión, como las dos piezas regaladas, Cantilina y Sycinx, dulces y melodiosas que cerraron un muy aplaudido concierto.