Cuando David Bowie cambiaba de imagen cada día, en Donostia Brakaman creaba su propio glam. Cuando el punk británico rugía, Negativo se adelantaban a todas las oleadas punks locales radicales devolviendo sus propios sonidos rabiosos. Cuando XTC y Elvis Costello daban nacimiento a la new wave, Puskarra se vestían con pijamas (cada uno de un color) en una actuación en la plaza de la Trinidad. Cuando los Specials reactivaron un ska blanquito, La Banda Sin Futuro de Poch, UHF, Mogollón o Los Elásticos hicieron la versión donostiarra del ska-reggae-pop (sí, el ska se practicó en Gipuzkoa mucho antes de Kortatu). Cuando irrumpieron los Stray Cats, grupos como Los Aristogatos y Oklahoma se encargaron de inventar un rockabilly donostiarra. Y Asco creaban su propio rock de barrio. Y había punks como Optalidón, o Basura en Rentería. No era imitación, sino conocimiento de la creatividad del momento, puesto en práctica con urgencia.
La cantidad de grupos que surgieron en la ciudad en los primeros 80, crecían en los programas de radio de Gregorio Gálvez y Luis Ángel García, y en conciertos espontáneos. En su San Sebastián, Puskarra hablaba de la Donostia de postal, desde una efervescencia underground: de cuando la música se buscaba y se vivía, y no la servían con politonos.