La confirmación de que los científicos de una empresa estadounidense de biotecnología han logrado extraer recientemente células madre de embriones sin dañarlos, es un reconocimiento al aforismo de que la necesidad hace la virtud. Con esa novedosa técnica se estaría en condiciones de sortear, en principio, el principal argumento moral contra la obtención de aquellas células, ya que hasta ahora sólo era posible mediante la destrucción de un preembrión o blastocisto.
No obstante, es preciso aún evaluar con una cierta cautela ese eventual avance científico que representaría el descubrimiento alcanzado en los laboratorios de Advanced Cell Technology, cuya pretensión es ofrecer una alternativa a la prohibición de la Administración Bush de financiar con fondos públicos las investigaciones con células procedentes de embriones. Aunque el método utilizado, que básicamente consiste en sacar una de las ocho o diez células del preembrión de una fecundación in vitro, es similar al del diagnóstico preimplantacional para comprobar si el futuro ser tiene algún tipo de tara genética, las primeras reacciones de los sectores políticos y sociales estadounidenses partidarios de la actual prohibición no han variado hasta el momento. En el país norteamericano sí está permitido el diagnóstico reimplantación pero aquellos grupos arguyen que, aunque ya no se acabe con la existencia de un ser humano, al no resultar dañado el embrión, la violencia destructiva se ejerce sobre la célula extraída porque en su desarrollo daría lugar a una persona.
Sólo desde la simpleza argumental se puede negar que el resultado científico obtenido por este laboratorio estadounidense, consecuencia directo de una prolongada experimentación anterior con ratones, consituye un elemento balsámico en el profundo debate moral que rodea las investigaciones con células madre, y que puede servir para conciliar posiciones ahora radicalmente enfrentadas. Pero tal como se dirimen estas cuestiones, tan beneficioso efecto es previsible que no llegue a apreciarse a corto plazo.
Mientras tanto, habrá que valorar otras posibilidades que ofrece la obtención de células madre de un embrión que sigue siendo apto para implantarse en un útero materno. Entre ellas, y también dentro del campo de la discusión ética, que esta técnica al no destruir el embrión o blastocisto del que extrae una célula, evita la necesidad de producir embriones con el único destino del laboratorio, bien sea multiplicando las fecundaciones in vitro o recurriendo a la llamada clonación terapéutica.