Sábado, 19 de agosto de 2006
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Del porno a los negocios
Las estrellas más prestigiosas del cine erótico de EE UU tienen una creciente presencia en la televisión, la música y los negocios
Del porno a los negocios
Jenna Jameson, en el centro con otras actrices, es la emperatriz de los negocios. [PIZZELO / REUTERS]
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Si bien hasta hace poco actuar en películas XXX se consideraba una mancha negra en el currículo profesional de un actor, ahora esta experiencia puede ser incluso más pertinente que un curso en la prestigiosa escuela de actuación Lee Strasberg. Las estrellas del porno están promocionándose en otros campos de la cultura y los negocios.

Uno de los casos más notorios de quienes se han incorporado a la corriente cultural mayoritaria desde un porno marginal es la actriz Jenna Jameson, cuya historia como la emperatriz del negocio ha sido reseñada ampliamente por los medios de EE UU.

En la misma categoría figuran Lou Cass, que se retiró de la industria XXX para participar en películas y famosas series de televisión como Melrose Place, así como Tom Judson, que actúa en Broadway, compone música y es un escritor a destajo.

Tambien Heather Hunter -la afroamericana que alcanzó mas fama en el negocio pornográfico-, ha abandonado esa órbita para probar suerte e invertir su fortuna en iniciativas con mejor imagen.

Hunter ha grabado un disco, publicado un libro con sus memorias y fundado una galería de arte -de nombre Artcore NYC-, en el condado neoyorquino de Brooklyn.

Caso aparte es el de la actriz Savanna Samson, que el año pasado cautivó a uno de los más prominentes críticos de vino del país con su tinto Sogno Uno, al que le siguió el lanzamiento de un blanco, Sogno Due, el mes pasado.

El experto Robert Parker asignó una calificación de 91 sobre 100 a los caldos, elaborados con precisión por un respetado fabricante de vinos italiano, Robert Cipresso, quien irónicamente es también el vinatero del Vaticano.

Los logros empresariales de Samson y el resto de ex estrellas del porno ha captado la atención de importantes medios de comunicación.

«En los 70, los medios escondían bajo la alfombra a la industria del entretenimiento para adultos -que mueve 10.000 millones de dólares al año-, pero ahora resulta difícil ignorarla», dice Michael Atkins, ejecutivo de la firma de vídeos porno NorthStar Associates.

Para Janet Tamborelli, vicepresidenta de Pulse, también una distribuidora de vídeos XXX, la clave está en que los medios «se están dando cuenta de que este negocio no es una gran orgía, sino un negocio legítimo, un mundo verdaderamente corporativo».

Tampoco faltan celebridades que se han valido del porno para incrementar su fama o, indirectamente, sus cuentas bancarias.

Los ejemplos son varios aunque el más conocido es el de París Hilton, la rica heredera que pasó a estar en boca de todos a raíz de la comercialización en 2004 de un vídeo en el que aparece manteniendo relaciones sexuales con su ex novio, Rick Solomon.

El vídeo, titulado Una noche en París, lo distribuye la compañía Red Light District, que tras haber vendido 600.000 copias se consolidó como líder en la comercialización de vídeos porno protagonizados por celebridades.

Hilton trató de frenar la distribución de la cinta pero paradójicamente fue la popularidad del film lo que la catapultó como un icono de la posmodernidad.

Ahora Hilton no sólo aparece en numerosas revistas de farándula y series de televisión, también cobra cientos de miles de dólares por aparecer en fiestas, y ha lanzado su propia marca de perfume y joyas, un libro de memorias y un club nocturno.



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