Lunes, 14 de agosto de 2006
 Webmail    Alertas   Boletines     Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
EDICIÓN IMPRESA
Articulos
Infante y Lorca, dos víctimas de la Guerra Civil
«Tanto Infante como Lorca eran andaluces, ambos 'sentían' España, cada uno desde su creencia, y ambos fueron fusilados por los sublevados en agosto de 1936»
El trágico enfrentamiento entre españoles de la primera mitad del siglo XX arrastró ideologías, ilusiones, sueños y personas. Personas, tan dispares y a la par tan semejantes, como Blas Infante y Federico García Lorca. Personas, pensadores, creadores y artistas que amaban a España y que querían regenerarla desde la izquierda y desde la justicia social. Tanto Infante como Lorca poseían este perfil, por otra parte tan habitual en la España de finales del siglo XIX e inicios del XX. Ambos eran andaluces, ambos 'sentían' España, cada uno desde su creencia, y ambos fueron fusilados por los sublevados en agosto de 1936.

Blas Infante Pérez de Vargas, político, ideólogo, notario, historiador, antropólogo, musicólogo, escritor, conferenciante, periodista, autor de miles de manuscritos y más de una decena de obras editadas (entre las que destacan El ideal andaluz, 1915, y La dictadura pedagógica, 1921) fue declarado «Padre de la Patria Andaluza» en el Preámbulo para el Estatuto de Andalucía de 1983. Su ideario político, heredero de los movimientos republicanos y federalistas del siglo XIX, se basaba en la defensa del andalucismo y en la existencia de diferencias entre Andalucía y el resto de regiones que formaban la España de Alfonso XIII. Su objetivo era conseguir la reconstrucción de la primera, entendida como una necesidad para obtener la regeneración de la segunda. Para ello, abogó por la sustitución del centralismo por un federalismo articulado y necesario, por eliminar el caciquismo, por modificar el complicado sistema electoral, por reformar la economía y la justicia, por plasmar la libertad de enseñanza, etcétera. Las principales fuentes filosóficas y de pensamiento y los autores que más le influyeron ideológicamente fueron las siguientes: el regeneracionismo (Joaquín Costa) y la necesidad de una reacción patriótica frente a la situación de crisis y decadencia que vivía España; el federalismo (Pi y Margall) y su propuesta de articular Andalucía de forma federal de abajo a arriba y, a la vez, reestructurar profundamente en la misma línea un Estado decadente y centralista como el español de la época; el anarquismo (Proudhon, Vallina), que le empapó al contemplar la situación social de Andalucía y las penurias del movimiento jornalero; el pensamiento fisiocrático del siglo XVIII, la cuestión agraria (Henry George: Progreso y miseria, XIX) y el problema de la tierra; el idealismo filosófico, humanismo y universalismo (Krause, Hegel) y el ideal de humanidad de federación universal, y, finalmente, la visión esencialista de la historia y la cultura andaluzas (Joaquín y Alejandro Guichot), idealizando y engrandeciendo idílicamente Andalucía y alejándose de la realidad.

Las posiciones ideológicas de Blas Infante fueron cambiando, aunque siempre dentro de una apuesta por los derechos de Andalucía y por un Estado federal que reconociera la pluralidad de los diferentes pueblos que lo componen. En una primera etapa, defendió un tímido regionalismo, que negaba toda posibilidad de nacionalismo; más tarde, al abrigo de las reivindicaciones nacionalistas en España y Europa, alzó la bandera del nacionalismo, y, finalmente, su posición política derivó hacia una especie de nacionalismo trascendental, antiburgués y universalista que rechazaba tanto el regionalismo de su primera etapa como el nacionalismo convencional de la segunda.

Al margen de los contenidos concretos en cada una de ellas, si algo caracteriza su «itinerario intelectual» es precisamente la búsqueda, la inquietud intelectual, la autocrítica y la duda permanente para evitar aferrarse a dogmas y verdades preestablecidas. De ahí que convertir su andalucismo en nacionalismo sin más, sea una simplificación de su pensamiento que sólo se suele realizar por conveniencia e interés desde posiciones nacionalistas. Humanismo y universalismo le alejan de los planteamientos nacionalistas convencionales, ya que nos encontramos ante un personaje que dentro de los movimientos nacionalistas-autonomistas del primer tercio del siglo XX tiene un pensamiento y una praxis singular, un activista y un pensador difícilmente encasillable, en el que encontramos elementos de las diferentes corrientes ideológicas de la época de crisis que le tocó vivir.

Por eso hay que recuperar el Blas Infante humanista y libertario, el que tenía una idea radical de democracia y soberanía entendida de 'abajo a arriba' empezando por la autonomía individual, el que fue aclamado como presidente de honor de la entonces futura Junta Regional de Andalucía (Asamblea de Sevilla de 5 de julio de 1936), que fue detenido, el 2 de agosto de 1936, por varios miembros de Falange en Coria del Río y fusilado, nueve días después, en el kilómetro 4 de la carretera de Carmona al grito de «¿Viva Andalucía libre!».

Por su parte, Federico García Lorca, principal poeta de la literatura española del siglo XX y una de las cimas del teatro español del mismo siglo, junto con Valle-Inclán y Buero Vallejo, se sentía «íntegramente español», a la par que católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico. Nunca se afilió a ningún partido y jamás discriminó a sus amigos por cuestiones políticas («yo nunca seré político, yo soy revolucionario porque no hay verdadero poeta que no sea revolucionario»), a pesar de lo cual fue detenido el 17 de agosto y fusilado en la madrugada del 19 en el camino que va de Víznar a Alfacar en Granada, previa autorización del general Queipo de Llano. La España de Lorca fue la de sus múltiples influencias, desde Fernando de los Ríos hasta Dalí, pasando por Giner de los Ríos, Pérez Galdós, Unamuno, Madariaga, Ortega y Gasset, Lope de Vega, Juan Ramón Jiménez, Antonio y Manuel Machado, Valle-Inclán, Azorín, Guillén, Salinas, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Alberti y Buñuel. El universo lorquiano es sistemático y la poesía, el drama, la prosa se alimentan de obsesiones y claves estilísticas constantes. Los símbolos (luna, agua, sangre, caballo y jinete, hierbas, metales), la metáfora y lo tradicional son rasgos importantes de su obra poética (Impresiones y paisajes, 1918; Oda a Salvador Dalí, 1926; Romancero gitano, 1928; Poeta en Nueva York, 1930; Poema del cante jondo, 1931; Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, 1935; etc.).

El teatro de Lorca es, con el de Valle-Inclán, el de mayor importancia escrito en castellano en el pasado siglo. Es un teatro poético, en el sentido de girar en torno a símbolos medulares -la sangre, el cuchillo o la rosa-, desarrollarse en espacios míticos y encarar problemas sustanciales del existir. Así se manifiesta en sus farsas (La zapatera prodigiosa, 1930; Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, 1933), comedias (Comedia sin título, 1936), tragedias (Bodas de sangre, 1933 y Yerma, 1934) y dramas (El público, 1930; Así que pasen cinco años,1930; Doña Rosita la soltera, 1935; La casa de Bernarda Alba, 1936).

Infante y Lorca fueron 'contradictorios', como todos los creadores y pensadores, a la par que paradójicos, complejos, rebeldes, utópicos, solidarios y llenos de contrastes. La contradicción de los opuestos es una metáfora de la vida y por ello se hace necesario tomar partido. Ambos lo hicieron, ambos apoyaron la legalidad republicana, ambos eran incómodos para el 'no pensamiento' fascista y por eso tenían que morir, ambos -como señalaba al comienzo de este artículo- sintieron España desde la óptica de su necesaria regeneración, desde la óptica autonomista o republicana, desde la óptica de revolución y justicia social, desde la óptica de una sociedad sin clases, en fin, desde la óptica de las grandes líneas de pensamiento de finales del siglo XIX y principios del XX que tuvieron la libertad como bandera («en la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida», nos decía Lorca), y que, en última instancia, propugnaron la justicia social y un federalismo de personas y países que soñaban con que fuera universal.



Vocento
Estado de las playas Servicio de meteorología Agencia Guipuzcoana de Infraestructuras Monitor de tráfico