SAN SEBASTIÁN. DV. Las familias que se encuentran en pleno proceso de adopción de un niño en China están preocupadas ante la demora en los plazos de asignación de los menores. Según informaciones de varias agencias mediadoras, la espera ha pasado de los seis a los doce meses y el plazo podría llegar en breve a los dieciocho meses. La razón de este retraso no es otro que el creciente volumen de trabajo en el centro de adopción de Pekín, que empieza a no dar abasto desde hace unos meses. La entidad responsable donde se centralizan los procesos de adopción en el país oriental recibió el año pasado 10.000 solicitudes de todo el mundo. El ritmo de entrada no hace sino aumentar y ya llegan alrededor de 2.000 expedientes al mes, aunque con los recursos actuales sólo pueden tramitar entre 700 y 800 solicitudes de adopción.
La consecuencia de este boom se ha traducido en un mayor tiempo de espera, pero las autoridades chinas han querido dejar claro que, pese a algunos rumores sobre el cese temporal de las adopciones, continuarán con los trámites, aunque con unos plazos más largos de tramitación. Así lo confirma, por ejemplo, la Entidad Colaboradora en Adopciones Internacionales (ECAI) Piao, que recuerda que «un proceso de adopción internacional está siempre sujeto a la regulación establecida por el país de origen de los menores y al que hay que atenerse».
«Un país trasparente»
Desde la asociación de adopción de niños en China Anichi reconocen que los padres que han iniciado los trámites de adopción están preocupados. «A nadie le gusta que se retrase la asignación del menor, pero saben perfectamente que la razón es sólo burocrática y que no hay nada raro detrás. Todo sigue su curso, aunque con un ritmo más lento», dicen desde la entidad.
Según datos de Anichi, las últimas asignaciones de niños chinos en Gipuzkoa corresponden a expedientes tramitados hasta el 28 de junio del pasado año, por lo que el plazo de espera ronda actualmente los doce meses, tres meses más de lo previsto. Cristina Villar, presidenta de la asociación, recuerda que el plazo de espera hace cinco años era de dieciocho meses, aunque se ha ido acortando con el tiempo, por lo que, a su juicio, no hay motivo de alarma. «China es un país trasparente con los procesos de adopción internacionales», afirma Villar, quien opina que esa es precisamente la razón del boom de las solicitudes en el centro de Pekín.
En China tampoco hace falta la mediación de una ECAI (Entidad Colaboradora en Adopciones Internacionales) como en la mayoría de los países, y los expedientes se tramitan a través de protocolos públicos, lo que, para Villar, facilita aún más todo el proceso, que «de por sí ya es complicado».
En Gipuzkoa, por ejemplo, de las 212 solicitudes de adopción que se formalizaron el año pasado, casi la mitad (111) se decantaron por China. Le siguieron de lejos Rusia, con 36 peticiones y Colombia, con 17. La presencia de China a la cabeza de las adopciones internacionales emerge en nuestro territorio hace unos cinco años, en detrimento de otros países como los latinoamericanos. La rapidez de su burocracia explica esta preferencia, ya que, pese a los retrasos ahora anunciados, reduce en varios meses la entrega del menor a diferencia de otros países del mundo.
En los últimos tres años, las solicitudes de adopción se han duplicado y se espera que la demanda siga creciendo, a tenor de los datos sobre el número de adopciones en Gipuzkoa. En los últimos diez años, se ha pasado de 41 solicitudes de adopción en un año a las 212 del 2005.
Crecimiento generalizado
En el resto de provincias y comunidades autónomas el país oriental también encabeza con creces las peticiones de adopción internacionales. Más de la mitad de los 5.423 niños acogidos en 2005 procedía de China.
El perfil del adoptado responde a una niña menor de dos años, la mayoría acogida por parejas y en menor medida por personas solteras. El tiempo medio de espera desde que se aprueba la acreditación de idoneidad de los padres fue de diez meses.
La secretaria de Estado de Servicios Sociales, Amparo Valcarce, apuntó a este respecto que el espectacular aumento de las adopciones internacionales en España -ya suponen el 90% de las acogidas- se ralentizó en 2005, ya que fueron adoptados 118 menores menos que el año anterior. Valcarce dijo que el cambio es «irrelevante», ya que las 5.423 adopciones de 2005 suponen el segundo mayor volumen anual desde que España ratificó en 1993 el Convenio de La Haya relativo a la protección del niños y a la cooperación en materia de acogida internacional.
A pesar del estancamiento, el volumen anual de adopciones es tan importante en España que sigue siendo el primer país en el número de acogidas con una media de 12,3 niños por cada 100.000 habitantes, una tasa similar a la de Suecia. Para hacer frente a la dimensión de este proceso, Asuntos Sociales puso en marcha en mayo del año pasado un Consejo Consultivo de Adopción Internacional, que agrupa al Gobierno central, comunidades autónomas, entidades colaboradoras, asociaciones de padres que han acudido a la adopción, entidades sociales, educativas y científicas. El consejo evalúa los requisitos del proceso y hace un seguimiento de los menores tras su adopción.
"Ha sido un duro revés"
Carlos y Marta, un matrimonio de Donostia, iniciaron hace más de un año los trámites para adoptar a un menor en China. Primero cumplieron los requisitos y obtuvieron el certificado de idoneidad a través de la Diputación. Su solicitud fue aceptada formalmente en el centro de adopción de Pekín unos meses después, el 17 de noviembre. Por entonces, el plazo de espera para la llegada del niño era de ocho meses. Así que, según sus cálculos, podrían haber viajado a China para conocer a su hijo adoptivo hacia el mes de septiembre.
Sin embargo, sus planes se truncaron hace un par de meses, cuando tuvieron conocimiento a través de una página web que los plazos de asignación de los menores se estaban alargando debido a un incremento de las solicitudes. «Fue un duro golpe, un buen revés», comenta Carlos, quien calcula que no será hasta el próximo año cuando puedan ver la cara del nuevo miembro de su familia. «Te dicen que hay que esperar, pero tanto... La situación no es nada fácil y además la espera está llena de incertidumbres. No sabes cuándo van a darte otro susto como éste», dice el donostiarra.