SAN SEBASTIÁN. DV. Un pintor, en la cárcel por el asesinato de la única mujer que en toda su vida le había comprendido, recuerda los hechos que le llevaron a perder el control y matar a quien le amaba. Esta es la fotografía de la versión teatral de El túnel, la novela de Ernesto Sábato. En la versión escénica, la primera realizada, el problemático personaje del pintor Juan Pablo Castel lo encarna uno de los grandes del teatro, Héctor Alterio.
Hoy comienza a representarse en el Principal, donde estará hasta el domingo, este relato dirigido por Daniel Veronese, quien ve a su personaje protagonista como «alguien que nos abre su cabeza para que nos asomemos dentro, su dramática problemática se nos acerca y se nos aleja como un misterioso oleaje amenazándonos con ahogarnos por el sólo hecho de conocer los sucesos».
El relato de Sábato ha vivido alguna transformación en su camino al teatro. La versión teatral ha corrido a cargo del secretario del escritor argentino, Diego Curatella. La principal novedad es que el personaje central, que en la obra original tiene unos cuarenta años, al estar interpretado por un actor como Alterio que casi le dobla en edad, se ha convertido en un anciano que recuerda las dramáticas circunstancias de su vida. «Es precisamente a través del teatro como tenemos la posibilidad de reflejar el pasado desde un presente escénico concreto», explica el director. Rosa Manteiga, Pilar Bayona y Paco Casares son los actores que acompañan a Alterio en esta obra basada en el relato que Sábato escribió en 1948. El montaje teatral, según Alterio, «es una obra arriesgada, en la que no queríamos repetir un discurso literario». El espectador verá una obra contada en primera persona «por un personaje complejo, lo que le hace muy atractivo». Castel le parece a Alterio «un ser conflictivo, un neurótico que lleva todo al límite», pero también «un hombre con múltiples facetas que llevan al entretenimiento del espectador».
Daniel Veronese entiende que esta obra no va a dejar indiferente a nadie «porque toda persona que haya amado alguna vez seguramente se ha asomado, o al menos ha tenido esa posibilidad de hacerlo, al mundo que recrea este personaje. Esa es la atractiva trampa de la genial novela de Sábato».
Regreso a San Sebastián
El túnel es cosa de argentinos. Autor, actor protagonista y director son de esa nacionalidad. Para Alterio, El túnel supone una nueva experiencia teatral tras una larga ausencia que rompió hace dos años para hacer Yo Claudio. El teatro para este magnífico actor de 77 años significa «una revitalización, un rejuvenecimiento y un entretenimiento que no me lo proporciona ni la televisión ni el cine, aunque en estos casos gane más dinero. Pero el teatro me ofrece una gimnasia revitalizante. Me gusta viajar, cambiar de espacios, me obliga a darle a cada espectador lo mismo que al anterior y eso me hace estrenar todos los días. El teatro me mantiene en ascuas, me mantiene vivo. El teatro es para mí una aventura permanente y un divertimiento».
Yo Claudio no pudo verse en San Sebastián, pero con El túnel Alterio regresa después de muchos años a hacer teatro a una ciudad que para él es muy especial. Fue estando en el Festival de Cine de 1974 con la película La tregua, cuando recibió la noticia de que la Triple A le había amenazado de muerte. «Era mi primer viaje a Europa, la primera vez que iba tan lejos. Estaba haciendo teatro y me dieron permiso para ir una semana a San Sebastián. Antes de acabar el festival bajé a Madrid porque quería aprovechar toda la semana para conocer algo. Y estando en Madrid llama mi familia para contar que se había producido esta amenaza de muerte de la Triple A, que era un grupo de ultraderecha dirigido por López Rega, que era el brazo derecho de Isabel Perón. Amenazaron a un grupo de artistas muy conocidos para tener mucha repercusión en la prensa y darse a conocer. Les salía más lucrativo amenazar a un actor popular que matar a un sindicalista, cosa que más tarde también hicieron. Yo me quedé en España, la cosa se empeoró en Argentina, vino mi mujer con los niños pequeños y comenzamos esta aventura que los dos o tres primeros años vivimos con gran incertidumbre».