El prestigioso psiquiatra Luis Rojas Marcos llegó ayer a Donostia desde Estados Unidos, donde vive desde hace 37 años. Imparte clases de Psiquiatría en la Universidad de Nueva York y hoy dará una conferencia que lleva el título de Nuestra felicidad, con motivo de los Cursos de Verano que organiza la Universidad del País Vasco. «Se nace, se hace y se aprende a ser feliz. Está comprobado que las personas que dedican una hora a la semana a hacer voluntariado tienen mayor autoestima, duermen mejor y además, fuman y beben menos», afirmo ayer.
- ¿Qué ingredientes debemos cultivar para ser felices?
- La palabra felicidad está cargada de connotaciones, simbolismo e ideales. Al estudiar la felicidad, prefiero hablar de satisfacción con la vida. Siempre hago una pregunta al hablar de esto. Que cada uno se imagine una escala del cero al diez y piense cuál es su nivel de satisfacción... Yo me doy entre un ocho y un ocho y medio. Lo que suele ocurrirnos a la mayoría de la gente es que pensamos que somos más felices que los demás porque creemos que la sociedad está muy mal. Deberíamos intentar sentirnos satisfechos con nuestra vida y superar la frustración.
- Entonces...¿cómo nos podemos sentir satisfechos?
- En primer lugar, el mundo de las relaciones es fundamental. Tenemos que observar dónde encontramos satisfacción, que puede ser en nuestras relaciones con los amigos, con la pareja o con la familia. En segundo lugar, es impresionante la cantidad de personas que identifican el trabajo con una fuente importante de satisfacción, sobre todo en Occidente. Por eso, existen trabajólicos; es decir, adictos al trabajo. Y en tercer lugar, la podemos encontrar en el ocio o en el tiempo libre. La mujer española es la segunda, después de la japonesa, que mayor esperanza de vida tiene.
- ¿Y a qué se debe que viva más?
- La evolución del ser humano demuestra que cada vez vivimos más. El mejor indicador de satisfacción con la vida es vivir más. Sí que hay enfermedades que están relacionadas con el envejecimiento, como el alzheimer, pero, en general, los genes mejoran nuestra vida y los inventos hacen que vivamos más y mejor. La mujer española habla mucho, necesita comunicarse con los demás y gracias a esa capacidad de desahogarse puede vivir más.
- ¿Qué podemos hacer para aumentar la satisfacción?
- Algunas de las personas que han venido a verme a la consulta pensaban que no eran lo suficientemente optimistas. No estaban deprimidas ni tenían ningún problema aparentemente grave. Simplemente querían aprender a ser más optimistas porque por ejemplo, tenían un problema de corazón y sabían que el optimismo les podía ayudar a superar mejor un infarto. Los valores tienen un impacto a la hora de decidir las orientaciones de cada uno. Otro ejemplo que me gusta explicar es el del voluntariado. Creo que 'voluntariar' que, a diferencia de en EE UU, en España no existe como verbo, es un buen valor. Es decir, dedicar parte de tu tiempo a los demás. Está demostrado que las personas que hacen una hora de voluntariado a la semana, tienen una autoestima más alta, beben menos alcohol, fuman menos e incluso duermen mejor, que las que no lo hacen. Por otro lado, las personas que se sienten parte de un grupo superan mejor las adversidades que las que se sienten aisladas. Otra manera de sentirse más satisfechos es diversificar; es decir, no depositar todas las fuentes de felicidad en las mismas parcelas. La satisfacción con la vida también tiene que ver con los genes.
- ¿Quiere decir que podemos heredar la capacidad de sentirnos satisfechos?
- Se nace, se hace y se aprende a ser feliz. Existen estudios en Estados Unidos que han podido comprobar que esto se lleva en muchos casos en los genes. Este es el caso que se estudió de dos hermanos gemelos que fueron adoptados por diferentes familias y al cabo de unos años se comprobó que ambos habían desarrollado niveles de satisfacción muy parecidos, incluso habiendo vivido en entornos totalmente dispares.
- ¿Cuál es la peor enfermedad psicológica que puede padecer el ser humano?
- Sin lugar a dudas, la depresión es el peor mal de la sociedad. Aproximadamente entre un 12 y un 14% de la población sufre de depresión en algún momento de su vida. Es el peor y el más frecuente veneno porque roba la esperanza de superar el sufrimiento. Además de la depresión, también el miedo sumado a la indefensión dan como resultado el trauma emocional. Cuando alguien de nuestro entorno está deprimido tendemos a rechazarlo y debemos luchar contra ese aislamiento.