Miércoles, 12 de julio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
Editorial
11 -J en Bombay
LAS imágenes de los terribles atentados cometidos en Bombay, corazón financiero de la India, han vuelto a remover el terrible recuerdo de los atentados de Madrid y Londres. Los expertos se han apresurado a señalar que cualquiera de los dos conflictos que sufre la India, el de los Tigres Tamiles o el de los islamistas de Cachemira, especialmente estos últimos, que ayer por la mañana se llevaban por delante la vida de 8 personas en la principal ciudad de la Cachemira india, pueden ser el origen de la masacre. Pero hay elementos de este atentado que recuerdan a lo sucedido en Nueva York, Madrid y Londres. Golpear el corazón financiero del país el día 11 y detonar varias bombas simultáneamente en distintos trenes de cercanías en hora punta puede que sean simples casualidades, como puede serlo que a principios de esta semana el líder terrorista islamista checheno, Shamil Basayev, fuese eliminado. Aunque también podría ser la confirmación de que la internacionalización del terror es ya un hecho irreversible. Saber quien ha sido el autor de esta masacre que se ha cobrado la vida de más de 160 personas es importante, pero más importante aún es darse cuenta de que, independientemente de si hablamos de cachemiríes, salafistas argelinos, wahabíes chechenos, yihadistas saudíes, palestinos proiraníes o ex delincuentes comunes marroquíes reconvertidos en expertos en detonar explosivos, hablamos del deseo irracional de matar al mayor número de inocentes posibles con el mayor grado de conmoción social imaginable. Hoy, la India no sabe el apellido del asesino que les ha golpeado, pero sabe su nombre, que no es otro que el de terrorismo.



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