Dice que el comercio tradicional de Gipuzkoa «huele a pintura», porque la mayoría de los locales se reforman continuamente, que en los días nublados y calurosos se vende más y que en el consumidor influye hasta lo que dicen las témporas. Charlamos con Francisco Ramos, responsable de un negocio de toda la vida de Donostia, sobre las rebajas.
- ¿Cómo van las rebajas?
- Quizás no tan bien como el año pasado, pero desde que comenzaron han ido mejorando.
- El día del pistoletazo de salida no había mucha gente...
- Ese sábado por la tarde se jugaba un partido del Mundial, retransmitían la clasificación de la Fórmula 1, hacía 35 grados... Esas cosas, como el tiempo o una buena retransmisión deportiva o cinematográfica en la televisión, afectan muchísimo.
- Defíname un buen día para los comerciantes.
- Los viernes y sábado son los días fuertes. En verano, siempre que esté nublado y con calor, y si ha llovido un poco, mejor.
- ¿Tanto influye la meteorología?
- Muchísimo. Incluso cuando se habla de las témporas y se dice, por ejemplo, que en primavera no hará falta usar gabardina porque se pronostica que va a ser seca, pues se nota. ¿Y la gente no se puede hacer idea cuanto!
- ¿Pican muchos los turistas en las rebajas?
- Sí. Además, este año, San Sebastián va a estar llena de turistas; lo vamos notando desde hace unas semanas. Es evidente que es por el tema político. De todas formas, desde siempre ha venido a Gipuzkoa gente de fuera, madrileños, catalanes, franceses... a consumir.
- ¿Por qué?
- Porque en nuestras tiendas, y hablo del comercio tradicional, se dispensa una atención muy cercana y están muy bien preparadas. Invertimos mucho. Por una parte, en la preparación del personal: son gente simpática, que asiste a cursos de formación de la Federación Mercantil, donde aprenden desde escaparatismo a marketing, pasando por cursos de atención al cliente o idiomas. Y porque aquí se cuidan mucho los locales. El año pasado se renovaron el 34%. Yo suelo decir que el comercio de Gipuzkoa huele a pintura, de lo nuevos que están en general. Y estamos dando cada vez más facilidades. Nosotros, por ejemplo, abrimos de 9.30 a 21.00 horas.
- Cada vez que se inician las rebajas asociaciones de consumidores e instituciones dan una serie de recomendaciones a los consumidores que no les gustan demasiado.
- Parece que seamos unos maleantes, se nos tacha poco menos de engañar a la gente. Advierten a los consumidores de que tengan muchísimo cuidado, de que les tienen que aceptar la tarjeta, cuando es una cosa que llevamos haciendo desde hace años. Les previenen sobre las devoluciones, cuando solemos aceptar los cambios incluso sin el ticket, porque suele haber una relación de confianza con el cliente. Creo que el comercio tradicional, en general, trabaja con una honradez extraordinaria.
- ¿Qué consejos daría usted?
- Al consumidor que compra en establecimientos de marca, que sólo compre ropa si a la etiqueta del comerciante que va pegada a esa prenda le acompaña la del proveedor. Siempre tiene que llevar la marca del fabricante.
- ¿Y las falsificaciones?
- Es una cuestión de conciencia. Aquí por ir a 130 km/horas en una autopista de tres carriles te multan y te restan puntos. En cambio, no pasa nada si compras un bolso que ha sido fabricado por niños. Es muy tentador, pero hay que tener conciencia.
- Algunos esperan hasta el final de las rebajas para encontrar gangas...
- Los márgenes comerciales de las grandes marcas, de las de calidad, no son ni mucho menos tan grandes como la gente piensa. No tienen ni comparación con esos productos que algunos traen de países que todos sabemos. Ahora es una época muy buena para comprar, porque quedan cuatro meses para disfrutar de la prenda, hay mayor elección de tallas y colores y, de verdad lo digo, una rebaja del 20 ó 30% en marcas de calidad es extraordinaria. Es una gran oportunidad.
- Pero, ¿existe el chollo?
- Al final, el comerciante tiene la necesidad de sacar lo que le haya podido quedar, una o dos prendas de alguna serie. Una camisa blanca no es la misma de una colección a otra, el color suele cambiar. Pero son cosas sueltas, no tiene nada que ver esas grandes empresas nacionales o multinacionales que llenan sus tiendas para las rebajas y descargan camiones todas las fechas habidas y por haber. Nosotros no metemos ni una prenda.
- Defiende el comercio tradicional, pero tiene varias tiendas en centros comerciales del extrarradio.
- Las voy a cerrar. Las rentas de estos centros y el tipo de público que atraen hacen que sea imposible seguir. Y voy a abrir otra con otro socio, Óscar Zapke, en el local que ocupaba La Estrella. Es un caso anómalo que un comerciante tradicional pueda acceder a un local en el centro de Donostia. Ha sido una cuestión de buen entendimiento con su dueño, a quien le estoy muy agradecido porque tenía más pretendientes.