SAN SEBASTIÁN. DV. El centro universitario de investigación Joxe Mari Korta, que pretende ser un espacio de interconexión entre el mundo universitario y el tejido empresarial más innovador del territorio, comenzará a funcionar en el plazo de seis meses con un contingente de casi doscientos profesionales, que se elevará hasta quinientos cuando se desarrollen todas las actividades planificadas.
La construcción del inmueble, diseñado por los arquitectos Alfredo Freixedo, Pedro Diéguez, Marta Rodríguez y Joaquín López y que se levanta junto a la regata de Igara, concluirá a finales de este mes con una inversión de ocho millones de euros, financiada por la Diputación, mientras que el Ayuntamiento de Donostia ha cedido los terrenos, además de sufragar la urbanización.
Cristina Uriarte, vicerrectora del campus de la UPV en Gipuzkoa, asegura que este equipamiento para la investigación representa «el compromiso que la UPV tiene con el entorno socioeconómico para potenciar la innovación empresarial, así como para fomentar la cooperación entre los ámbitos científico y empresarial a través de una investigación aplicada, facilitando la transferencia de conocimiento con el fin de ofrecer soluciones a las demandas de una sociedad avanzada».
El edificio dispondrá en una primera fase de una superficie útil de 6.000 metros cuadrados distribuidos en cinco plantas, aunque el aprovechamiento urbanístico de la parcela permite duplicar este espacio. Una vez concluya la obra civil se emprenderá el equipamiento del inmueble, de modo que para primeros de 2007 puedan empezar a trabajar los grupos de investigación.
La UPV realizó en su día una convocatoria dirigida a grupos de investigación e institutos científicos y tecnológicos interesados en ubicarse en el edificio. Una vez hecha la selección, el centro Korta albergará a los siguientes equipos de investigación aplicada y transferencia de tecnología: dos grupos de investigación del área de Química Orgánica de aplicación en el área de biociencias; un grupo de la Facultad de Informática que trabaja en procesamiento del lenguaje natural y tecnología lingüística; un grupo del área de Física de Materiales que trabaja en la caracterización espectroscópica de biomateriales; un grupo de la Cátedra Sánchez Mazas que trabaja en el ámbito de ciencia, tecnología y sociedad; un grupo de la Unidad de Física de Materiales del Centro Mixto CSIC-UPV, y el instituto de materiales poliméricos Polymat.
La vicerrectora Uriarte explica que «es difícil de estimar cuántas personas trabajarán en el inmueble. Inicialmente puede rondar las 200 personas, pero se puede prever que se alcance las 500 personas cuando esté a pleno rendimiento».
Lo que sí está definido de forma precisa son las áreas de actividad que serán prioritarias en el Korta: Ciencia y Tecnología de Materiales, sobre todo referidos a los materiales metálicos y poliméricos, tanto desde la física como desde la fisicoquímica y la ingeniería; la Química Orgánica, para el desarrollo y aplicación de tecnologías químicas en el sector farmacéutico, es decir, el diseño, síntesis y evaluación preclínica de nuevas sustancias activas; la Informática y las tecnologías de la información y las comunicaciones, como la dotación de infraestructura de alta velocidad y la generación de contenidos digitales.
También se incluyen como prioridad Ciencias Sociales y Humanidades, «siempre que demuestren capacidad de captación de recursos externos, de contratos con empresas y de transferencia de conocimiento».
El centro Korta pretende dar respuesta a una antigua demanda en el ámbito universitario y empresarial, que reclamaba una plataforma para la investigación y la transferencia científica y tecnológica.
Sede del Cidir
Por eso, además de los espacios destinados a grupos de investigadores de la universidad, también los habrá para proyectos desarrollados por empresas en colaboración con científicos del campus guipuzcoano.
El edificio también albergará una incubadora de empresas de spin-off, así como un aula BIC; la sede del Centro Informático para la Docencia, la Investigación y la Red (Cidir), y los equipamientos generales de investigación, como aparatos de análisis de polímeros, microscopía electrónica y difracción de rayos X.
La vicerrectora del campus agrega que además de los objetivos genéricos de impulsar la investigación y la transferencia, hay otras metas que también se persiguen con la puesta en marcha de este centro cuyo nombre recuerda al emprendedor empresario asesinado por ETA en agosto del año 2000.
«Hay un objetivo educativo -prosigue Cristina Uriarte- de aumentar la empleabilidad de los doctores universitarios; uno económico, que es el de incrementar la autofinanciación de la universidad a través de las aportaciones de las empresas, y también un objetivo social, que es justificar la utilidad práctica de la actividad investigadora de los universitarios».
El 96% de la ciencia vasca se hace en la UPV, donde hay alrededor de 1.500 profesores dedicados a la investigación, que en el campus de Ibaeta se traduce en que el 30% del profesorado está implicado en proyectos con empresas, siendo en muchos casos la facturación media, superior a los 36.000 euros anuales por proyecto, según datos que facilitó hace un año la UPV. En este sentido, la vicerrectora agrega que la investigación que se realiza en el campus de Gipuzkoa es, «sin duda, relevante y puntera en muchas áreas», lo que no obsta para que haya que elevar la cantidad y calidad de los trabajos.
«Aunque el campus hace un esfuerzo notable en materia de transferencia de tecnología, hay que incorporar nuevos grupos a estas actividades, implicando a más empresas y enfocando estas actividades a las áreas prioritarias de la economía guipuzcoana definidas en los planes estratégicos de sus instituciones».