La Sala Kubo de San Sebastián inaugura mañana una exposición en la que el libro se muestra como "objeto escultórico", como algo creado para ser visto, aunque concebido desde puntos de vista diferentes, de artistas como Anthony Caro, Tápies, Manolo Valdés, Miquel Navarro o Eduardo Chillida.
Los nombres de Xavier Mascaró, Bessompierre, Hans Erní, Gottfried Honegger, Koldobika Jáuregui, Peter Klasen, Kozu, Jan Voss o Hans Spinner se suman a una lista de diecisiete artistas, cuya obra en torno al libro se ha reunido por primera vez para una exposición que, con el título de 'El cincel y la palabra', conmemora el 25 aniversario de los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco.
Fueron los responsables de estos cursos de la Universidad pública vasca los que dieron la idea a los responsables de la sala de exposiciones del Kursaal, quienes pusieron en manos de la conservadora de arte Sally Radic la organización de la muestra, que permanecerá abierta hasta el 10 de septiembre.
Para reunir las esculturas, Radic encontró un punto de conexión en Hans Spinner, el ceramista francés con el que han colaborado muchos de estos artistas en su taller de Grasse, entre ellos Chillida, que descubrió en la "chamota" de aquella zona -tierra cocida y molida muy finamente, que contiene óxido de hierro- un nuevo material del trabajo, con el que creo sus famosas "lurras".
Otros artistas que firman las obras que se exhiben en San Sebastián, como Pierre Alechinsky, Jan Voss, Honegger, Anne Madden o la poetisa Salma El Mousfi, también se han relacionado con Spinner, quien tiene en los libros un elemento recurrente de creación, una pasión que le ha llevado a pedir a los artistas que se han acercado a su taller que idearan sus propias esculturas-libro.
Más de la mitad de las obras que se exponen en la Sala Kubo -26 de 48- proceden de esta "entente", entre ellas, las de Anthony Caro, que ha introducido a sus libros de tierra cocida elementos de hierro.
Tápies, que también ha trabajado con Spinner, ha preferido sin embargo enviar para la exposición sus libros en bronce, lo que ha aceptado la comisaria de la muestra, pues la idea era no sólo exhibir obras en barro, sino otros materiales que enriquecieran y dieran flexibilidad a estas múltiples miradas sobre el libro.
Es el caso de las piezas de Koldobika Jáuregui, que exhibe tres piezas en madera y tinta negra, o el de Manolo Valdés, que ha sacado los objetos de sus cuadros para componer una impresionante librería de madera, y una mesa con libros y figura, a modo de bodegón escultórico.
Peter Klasen añade a sus libros de tierra otros elementos, como cadenas, cuerdas o una sierra, para transmitir sus mensajes, y Anne Madden recurre a la caligrafía china o los motivos arqueológicos para pintarlos o imprimirlos en el barro.
Miquel Navarro lleva a las portadas de sus volúmenes de zinc-plomo elementos que recoge en sus conocidas ciudades, y Honegger, por ejemplo, simboliza con cadenas y alambre de espino la destrucción de libros en la Alemania nazi.
De Chillida hay dos aguafuertes impresos en sendos libros y dos "lurras", una de ellas en homenaje a Bach, instaladas en uno de los tres espacios en que se divide la Sala Kubo , que durante dos meses tendrá abiertas sus puertas a esta otra forma de relacionar literatura y escultura.