Estos datos resultan menos preocupantes si se comparan con los del resto de las costas españolas, objeto del estudio global de Greenpeace. Euskadi es, con Cataluña, la comunidad autónoma que mayor respeto demuestra hacia su litoral. La costa vasca ha sido castigada con 16 puntos negros, que suponen un pequeño porcentaje de los 286 que se han detectado en toda España, donde la fiebre del ladrillo no ha remitido. La Comunidad Valencia encabeza la lista con 57 puntos.
A pesar de que Euskadi se sitúa entre las regiones costeras con un menor número de amenazas en su litoral, «la urbanización, la expansión de los puertos deportivos y la contaminación por aguas residuales» representan una amenaza que no conviene pasar por alto.
Riqueza ambiental
En el País Vasco, más de la mitad de la población se concentra en la franja costera, que sólo representa el 12% del territorio. «Este dato explica la degradación que ha sufrido el litoral debido a la concentración de usos industriales, pesqueros, residenciales y de infraestructuras. A pesar de ello, se conservan grandes extensiones con toda su riqueza ambiental», indica el informe. Greenpeace destaca que se están tomando medidas positivas para preservar la costa vasca de la masificación.
Junto a la evolución del urbanismo, Greenpeace destaca dos grandes amenazas para el litoral vasco: los puertos deportivos, «que se multiplican exponencialmente», y la contaminación, «que hace que algunas playas y estuarios alcancen una calificación muy deficiente en su calidad».
Desde 1985, Euskadi ha experimentado el mayor crecimiento en amarres deportivos de toda España, pasando de 1.280 a 4.825. Y la tendencia continúa, ya que Donostia, Orio, Zarautz, Deba, Mutriku, Ondarroa, Bakio, Lekeitio y Armintxa han planteado la construcción o ampliación de puertos deportivos. De todas las obras previstas, los proyectos del puerto deportivo de Mutriku y el puerto exterior de Pasajes «son los más agresivos para el litoral».