SAN SEBASTIÁN. DV. Ansiosos, irritables, con baja autoestima y, por supuesto, sentados, siempre sentados frente al ordenador durante muchas horas. Este es el perfil de los adictos a internet, una enfermedad que gana terreno dentro de las nuevas adicciones que han aparecido de la mano del siglo XXI. Algunos casos son ejemplificadores: levantarse, encender el ordenador, conectarse a la red, navegar, seguir conectado, seguir navegando, y en algunos casos, volver a dormir. En otros, «ni siquiera duermen. Ni siquiera se acuerdan de comer», apuntan algunos psicólogos. Diversos estudios realizados en Europa y en Estados Unidos calculan que aproximadamente entre un 6% y un 10% de los usuarios de internet podría estar afectado por este problema.
Al tratarse de una adicción relativamente reciente, los datos que se manejan aún no son excesivamente concretos, pero se sabe con certeza que «hay gente que desarrolla un uso excesivo de internet. Es algo que se percibe», señala Beatriz Yubero (Errenteria, 1974), psicóloga de la asociación Ekintza-Dasalud, que atiende a personas adictas al juego y a otros comportamientos compulsivos. «El 7% de la gente que atendemos sufre nuevas adicciones».
Los expertos calculan que, aproximadamente, el 10% de los estadounidenses padece un Trastorno Adictivo a Internet (TAI). «No hay un patrón establecido. El adicto pasa muchas horas conectado a internet, deja de cumplir ciertas obligaciones porque no quiere acabar con la conexión –incluso deja de dormir–, y se relaciona por internet, lo que le lleva al aislamiento. Además, internet permite engañar porque las relaciones no se dan cara a cara. Niegan la realidad», señala Yubero.
‘Ciberviudas’
La psiquiatra Hilarie Cash, directora del Servicio de Adicción a Internet y Ordenadores en la Universidad de Pensilvania (EE UU), identifica como síntomas del TAI la constante preocupación por «estar conectado», mentir acerca del tiempo que se pasa navegando o sobre el contenido visto, y el aislamiento social, dolor de espalda y aumento de peso. Su colega Kimberly Young es la fundadora del Centro para Adicciones en la Red, donde hay grupos de apoyo a las «ciberviudas», esposas de adictos a las relaciones amorosas, la pornografía o las apuestas.
La adicción a internet no se puede encuadrar en otro tipo de enfermedades como el alcoholismo, por ejemplo. «En el caso del uso excesivo de la red hablamos de adicciones no tóxicas. La adicción al juego o a hacer compras son adicciones psicológicas, no químicas. Empezamos porque nos causa placer, pero al final lo acabamos haciendo para no sufrir», indica la psicóloga de Ekintza-Dasalud.
El perfil del ciberadicto varía pero, en líneas generales, sería el de un joven, varón, de unos 22 ó 23 años. «Pero también hay casos de 15 y de 30 años», añade Yubero.
Abordar el problema
Como con otras muchas adicciones, una de las mayores dificultades es la de reconocer el problema. «La mayoría de los casos que tratamos llegan a raíz de los padres. Son ellos los que se dan cuenta de la adicción. Con el móvil es más fácil que el adicto reconozca su adicción o que sus padres noten el problema, porque las facturas son altísimas y al final el chaval no puede pagarlas. El uso excesivo de internet, en cambio, es más complicado de descubrir debido a la tarifa plana. De hecho, los que padecen la adicción no suelen venir a la consulta por su propio pie». En opinión de Beatriz Yubero, para valorar la adicción a internet «hay que saber si detrás hay una adicción al sexo, o al juego, o a la búsqueda de relaciones personales y de amistades...».
No hay más que echar un vistazo a los foros de internet para saber que muchos usuarios reniegan de que el uso excesivo de la red sea una adicción. «Una cosa son hábitos –como leer el periódico todos los días– y otra adicciones. Si hay una falta de control, una dependencia emocional y una interferencia importante en la vida de esa persona, entonces se trata de una adicción», aclara Yubero.
Tal como indican en Ekintza Dasalud, el cambio de siglo marcó el inicio de un grupo de nuevas adicciones. «Empezamos a tratar este tipo de casos hace cinco años. Lo hicimos debido a la demanda. La gente venía, preguntaba y reclamaba un centro para atender estas nuevas enfermedades».