Es ya conocida la afición del presidente del Gobierno de lograr sus objetivos «como sea». Ahora, la llamada paz con ETA, con la que no estábamos en guerra, sino que simplemente éramos sus víctimas, hay que conseguirla como sea. Y si hay que verificar el alto el fuego, pues Rubalcaba, gran verificador, la verifica. Si hay que mandar recaditos a los jueces para que hagan la vista gorda, pues el fiscal general y ministro de Justicia se ocupan. Si hay que quedar bien con Batasuna, pues se queda, y Otegui se convierte en un «hombre de paz» y a Goiricelaya le dan premios y rosas. Si las cartas de extorsión molestan, pues no existen. Si la kale borroka despunta, pues se habla de pequeños incidentes sin importancia. Y si algunos estamos hartos y levantamos la voz contra todo esto, se saca la artillería pesada de los medios afines, y se nos dice que no queremos la paz y que preferimos a ETA que a Zapatero. Lo dicho: la paz como sea y al precio que sea. ¿Y nuestra libertad dónde queda?