Lo más llamativo de esta primera etapa en línea es que George Hincapie, el corredor que estuvo junto a Lance Armstrong en sus siete victorias en el Tour, se ha convertido en el nuevo líder de la prueba.
Su diferencia sobre los sprinters no es muy amplia, lo que le hará perder el maillot antes de la contrarreloj del sábado, donde podría afianzar ese primer puesto antes de los Pirineos como le gustaba hacer a su amigo Lance. Se metió en el último sprint bonificado de la etapa y arañó dos segundos que le han valido para quitarle el maillot amarillo a Hushovd, ayudado por el percance que tuvo el noruego en una llegada bastante extraña. Lo normal es que el ganador del prólogo hubiese aguantado el primer puesto.
George Hincapie no es un líder de aluvión, aunque pierda el maillot, de los que aprovechan las primeras etapas para dejarse ver. Su aparición es significativa y tiene mucho que ver con las que hacía Armstrong desde el inicio del Tour. La ventaja es para él y los demás rivales se encuentran, en algunos casos, a bastantes segundos.
Que Boonen, el actual campeón del mundo, no gane una etapa al sprint relativamente cómoda es noticia. Le siguen quedando varias oportunidades, pero el ponerse el maillot amarillo encima del de campeón del mundo se le puede complicar si no espabila pronto.
La prueba va a entrar en la dinámica habitual que tiene el Tour, con una parte del pelotón intentando hacer su carrera en el terreno que le es propicio, mientras que de los aspirantes al triunfo final, la lista está todavía por hacer, seguirán quemando días sin mayores ambiciones que las de no perder tiempo y no sufrir accidente.
Si algo no cambia en esta carrera es en la forma en que se corre. Da lo mismo las bajas que se hayan producido. El Tour termina por fagocitar a quienes lo han hecho grande. Saldrán otros nombres. Que nadie lo olvide.