La gente se ríe tan ricamente al final de esta película dirigida desde Hollywood por un argentino que primero se paseó con cosas más chicas e interesantes por Cannes y Donostia. De buenas a primeras, no hay nada malo en el hecho de que los espectadores rían cuando un filme termina. Hasta puede ser una forma de expresar gratitud por 115 minutos de celuloide macanudo Pero, naturalmente, La casa del lago, basada en un cacho de cine italiano antiguo titulado Il mare, no cumple los requisitos mínimos para ser festejada como una buena película, así que las risas finales son de incredulidad, de juerga, de chincha rabia no nos hemos creido nada de nada, y también tienen un toque de pequeña venganza por parte de los muy sufridos espectadores.
Se supone que es una historia de amor en tiempos y dimensiones diferentes. Algo así como Lady Halcón pero sin magia ni hechizos. Keanu vive en 2004 y Sandra en 2006 pero se cartean, se enamoriscan, se cuentan sus cositas e intentan encontrar algún agujero negro tanto dimensional como temporal para juntarse no lejos del buzón que les sirve de cordón umbilical con el Más Acá y el Más Allá y en el puentecillo que lleva a la casa de cristal construida por el padre de él, a la sazón un arquitecto maligno y magnífico interpretado con todas las de la ley por Christopher Plummer.
El filmito está lleno de trampitas. sobre todo en el guión. Pero como las primeras son relativamente decorosas, el público se deja llevar. Al fin y al cabo, eso de tener un amante por carta que vive incrustado en el pasado más reciente tiene su gracia. Al principio, no problemo. Alejandro mantiene cierto estilo al manejar la cámara, encuadrar las escenas, matizar algunas mamarrachadas del guión y controlar el montaje. Tampoco parece que Keanu y Sandra se lo hayan puesto demasiado difícil. No hay química entre ellos mas al menos no van ni de estrellonas ni de productores. Pero luego pasa lo que pasa y es cuando la gente se echa a reír porque lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. En la secuencia última, desparrame total de esta peliculeta que sin ser nada del otro mundo discurría prietita y normalita. Entonces, todos reímos.