Sábado, 1 de julio de 2006
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Dove
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Una atractiva joven se asoma a la tele y, mientras muestra sus muslos, nos asegura que, con el tratamiento cosmético «equis», eliminará su celulitis en sólo siete días. La chica mide 1,80, usa una talla 36, va al gimnasio cada día y, evidentemente, jamás ha tenido celulitis.

Las marcas de productos estéticos utilizan desde hace décadas este código perverso e irreal para vender sus productos. En el mundo occidental, no más de trescientas modelos profesionales incitan, con su imagen, al resto de mujeres a imitar unos cánones estéticos inalcanzables.

La belleza física vende pero crea frustración. Hoy, sólo un 6% de las mujeres españolas se considera atractiva, mientras que el 92 % de las chicas inglesas desea cambiar su apariencia.

Así son las leyes del marketing, pero una marca ha roto las reglas. En sus anuncios, la multinacional Dove sólo utiliza modelos que incumplen, deliberadamente, los estereotipos de belleza establecidos: chicas con narices o nalgas prominentes, jóvenes rellenitas o con manchas en la cara. Dove demuestra que la belleza real no es sólo algo físico sino que también es cuestión de actitud, carácter y, sobre todo, autoestima.

Dove ha dado una lección al mercado. Ha demostrado que una marca puede diferenciarse buscando la complicidad de miles de consumidoras hartas de imágenes falsas y modelos ultradelgadas. Y, a la vez, ha conseguido vender más. Un 700% más. No me extraña. Si yo fuera chica, compraría Dove.



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