«Isabel Lete murió joven, muy joven, entregando lo mejor de sí misma a Jesucristo. La tuberculosis acabó con la belleza de su cuerpo, era bellísima, agrandando su belleza interior», indican las Madres Mercedarias.
La Congregación de las Madres Mercedarias detalla asimismo que «Sor Isabel Lete Landa goza ya de la gloria del Padre y, como Santa Teresita del Niño Jesús, a quien imitaba, es testimonio de vida mística desde la espiritualidad de lo sencillo, lo pobre, lo humilde y lo que no tiene relevancia. Durante toda su vida fue tierra fértil que Cristo fecundó, porque se dejó encontrar por Él, amándole apasionadamente. Toda su vida fue testimonio de amor».