 Los actores Lindsay Lohan y Chris Pine, protagonistas de la película Devuélveme mi suerte. |
|
Imprimir Enviar |
|
|
| Título: Devuélveme mi suerte. (Just my luck, Estados Unidos, 2005). Dirección: Donald Petrie. Guión: Marlene King, Amy B. Harris Fotografía: Dean Samler. Música: Teddy Costelucci. Intérpretes: Lindsay Lohan, Chris Pine, Falzon Love. Cines de estreno: Antiguo Berri, Oscar, Warner, Cinebox, Mendibil, Txingudi. Duración: 106. |
|
|
|
|
|

|
Si miran al gráfico de la parte inferior descubrirán que Devuélveme mi suerte ha atraído en dos semanas a 240.110 espectadores, superando en unos miles a La educación de las hadas y sucumbiendo tan sólo ante prodigios del espectáculo tal que Scary Movie, Vecinos invasores y El código Da Vinci. Ese subidón en el hit parade ha provocado las iras de la inteligentzia cinematográfica que escribe en periódicos y revistas y acusan al filmito de ser un cuento para barbies. Para barbies y su noviete, para Kent, por supuesto. Acusan también al director de ser un don nadie y a las guionistas, de tener menos duende, menos pellizco y menos inspiración que las damas que escriben los horóscopos cotidianos. Después arremeten contra su protagonista femenina que a nosotros nos cae muy bien porque va de niña actriz que se está haciendo mujer, participa en fiestas salvajes y sufre ataques de bulimia, es decir, lo acostumbrado entre las niñas prodigio de Hollywood (excepción hecha de Jodie Foster. Ella siempre fue lo más de lo más). Lo que la mayoría olvidan es que a Miss Lohan le estará costando dar el estirón pero presentó en Berlín una película titulada A Prairie Home Companion, firmada por quien y por Robert Altman.
Dudan más tarde de la inteligencia de los 240.000 espectadores que han pagado sus buenos euros por ver la historieta de una chica con muy buena suerte que besa a un chico con muy mala pata. Cambia el beso sus destinos y a la postre el guión les transmuta el mal fario en algo no muy distinto pero envuelto con amorcito del tontín.
Cierto que Devuélveme mi suerte no pasará a ninguna historia (ni siquiera a la cortita de la película más taquillera de junio 2006) ni construye una pareja mitológica a lo Hepburn-Tracy o a lo Bacall-Bogart. Tampoco llegará a la posteridad ninguna frase de las que se vuelven míticas tal que Nadie es perfecto o Los caballeros las prefieren rubias pero se casan con las morenas. Verdad que Donald Petrie no ha mejorado lo más mínimo desde que dirigiese maravillas maravillosas tal que Miss agente especial y nada más real que la sospecha de que lo que los productores quieren es que además de pasar por taquilla, nos compremos la banda sonora. Cierto ciertísimo. Pero tampoco es ni para mesarse los cabellos ni para que crujan nuestros huesos. Se trata de cine para ver, tirar y olvidar. Montado en cadena siguiendo todos los esquemas habidos y por haber, esquemas que funcionan en el cine de baratija desde la noche de los tiempos. Y funcionan porque se mascan rápido, se degluten sin problemas y se eliminan sin dejar rastro alguno. Puede que alguna neurona perdamos durante sus 103 minutos de duración pero tampoco es tan grave. La recuperaremos viendo cualquier buena peli. Las hay.