Viernes, 30 de junio de 2006
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Cultura
El centenario de Anthony Mann pasa desapercibido en Hollywood
El director, innovador del western, tuvo una retrospectiva en 2004 en San Sebastián
El centenario de Anthony Mann pasa desapercibido en Hollywood
Stewart en El hombre de Laramie.
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LOS ANGELES. El realizador estadounidense Anthony Man, de quien se cumple hoy el centenario de su nacimiento, fue uno de los innovadores del western pero la industria parece haber olvidado sus logros. Sus películas siguen vigentes, clásicos no sólo en el campo del oeste sino de los épicos de la gran pantalla como El Cid (1961) o La Caída del Imperio Romano (The Fall of the Roman Empire, 1964).

En una industria obsesionada por la última moda y la carne joven de sus estrellas, el centenario del nacimiento de Mann, el 30 de junio de 1906, no es motivo de celebración ni de recordatorio. Incluso en vida ya tuvo este problema. Mann obtuvo el respeto de un John Ford o la polémica de un Sam Peckinpack, todos ellos idolatrados junto con Raoul Walsh o Howard Hawks, por llevar el género del oeste a su madurez. El Oeste de Mann era el más complejo, casi neurótico.

A James Stewart le vistió seis veces de vaquero y obligó a este «hombre bueno» de Hollywood a luchar contra su estereotipada imagen y a encarnar a personajes retorcidos y atípicos en su carrera. Entre ellos están Horizontes lejanos (Bend of the River, 1952), Colorado Jim (The Naked Spur, 1953), Tierras lejanas (The Far Country, 1955) o El hombre de Laramie (The Man From Laramie, 1955) y sobre todo el primero de ellos Winchester '73 (1950) donde Stewart sigue la pista de u n rifle robado para vengar la muerte de su padre. Ambos también trabajaron juntos en Música y lágrimas (The Glenn Miller Story, 1954), filme biográfico sin la violencia de sus películas de vaqueros. Por ella consiguió una de sus tres candidaturas en el Sindicato de Directores, galardón que nunca obtuvo. Fue aún peor con la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas donde nunca supieron reconocer sus dotes como director ni con una estatuilla ni al menos con una candidatura.

Sara Montiel, con quien estuvo casado de 1957 a 1963, le acercó al cine español. Ambos se conocieron durante el rodaje de su filme Serenade (Dos pasiones y un amor, 1956), con Mario Lanza y Joan Fontaine cuando Hollywood buscaba en la joven Montiel una nueva Rita Hayworth. Pero ese amor no consiguió convertirla en la Doña Jimena de El Cid (papel que interpretó Sophia Loren) y que acabó primero en separación en 1961 y posteriormente en la anulación del matrimonio en 1963.

Mann murió a los 61 años, mientras rodaba el filme Sentencia para un dandy (A Dandy in Aspic, 1968) que concluyó la estrella de la película, Laurence Harvey. EFE



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