Viernes, 30 de junio de 2006
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Cultura
Koldobika Jauregi se inspira en la improvisación de melodías de Zuberoa
Mezcla esta influencia con elementos propios del País Vasco e iconografías orientales en piedras rotas naturalmente Sus últimas obras se instalarán en Tolosa con motivo del 750 aniversario
Koldobika Jauregi se inspira en la improvisación de melodías de Zuberoa
Koldobika Jauregi, ayer durante la presentación de las nuevas esculturas que está preparando en su taller de Alkiza. [LUIS MICHELENA]
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ALKIZA. DV. Koldobika Jauregi ha querido trasladar a sus últimas esculturas la fascinación que le produjo el tarareo de unas antiguas melodías de Zuberoa que escuchó un día sobrecogido. Ha mezclado esa «improvisación» inspirada en los sones sin letra, con elementos simbólicos orientales, y ha incorporado a la mezcla resultante elementos propios de la realidad religiosa y etnográfica del País Vasco.

Esta simbiosis de influencias es el germen inspirador de 'Kantu Ixila' (canto silencioso), una colección de doce esculturas de piedra que está preparando en su caserío-taller de Alkiza. Este verano serán colocadas en diferentes lugares públicos de Tolosa y una de ellas quedará como legado permanente de la conmemoración del 750 aniversario de la fundación de la villa. Además, acabará uniéndose así a la muestra permanente de escultura contemporánea que existe en la localidad, junto a obras de Chillida, Oteiza y Ugarte, entre otros artistas.

Koldobika Jauregi ha trabajado conscientemente con piedra desprendida de la cantera. «Son piedras calizas de Lastur y Markina, pero no hemos pedido, como en anteriores ocasiones, bloques uniformes y después los hemos trabajado, sino que hemos optado conscientemente por las piedras desprendidas de la cantera con su rotura natural». El artista, así, ha ido improvisando sus creaciones sobre trozos imperfectos de caliza, sirviéndose de la belleza de la «rotura natural», inspirándose en esos cantos ancestrales de Iparralde que se entonan casi de un modo espontáneo. «He ido improvisando como se improvisan estas melodías», decía ayer.

En las diferentes piezas, el artista ha plasmado elementos propios de nuestro entorno, como la fachada de un caserío de Iturrioz en Aia, los barrenadores del herri kirolak, las melodías de Zuberoa, referencias al pastoreo... Pero también ha querido dotar a sus obras de elementos caligráficos religiosos, cruces, símbolos budistas, influencias orientales que le sugieren mucho últimamente... Una fusión enriquecedora que ha buscado de un modo consciente a la hora de idear todas estas creaciones que serán colocadas en cuatro puntos diferentes de Tolosa: el paseo San Francisco, el parque de Arkaute, el parque de Zabalarreta y la plaza Santa María.

El escultor de Alkiza lleva casi cuatro meses ultimando este proyecto que le encargó la Fundación 'Tolosa 750 aniversario', responsable del programa conmemorativo de esta efemérides. Con la colaboración de otras cuatro personas, trabaja intensamente en su taller para tenerlo todo listo y poder inaugurar así la muestra dentro de unas pocas semanas. «Me gusta la idea de que mis piezas permitan un recorrido y también me agrada mucho que una de ellas se quede finalmente instalada de forma permanente y comparta escenario público junto a obras de otros escultores. Me resulta especialmente estimulante», confiesa.



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