VITORIA. DV. Año y medio después de que el rector de la UPV denunciara en el Parlamento Vasco que la universidad se estaba «cayendo a pedazos» por la escasa financiación del Gobierno Vasco, José Ignacio Pérez, ofreció ayer una radiografía distinta de la universidad pública vasca en la que todavía existen déficits subsanables.
En ese sentido reclamó una financiación «suficiente y estable» para que la UPV afronte con garantías el nuevo espacio europeo y pueda impulsar aún más la docencia y la investigación. Reconoció que las cuentas están, hoy en día, «equilibradas y regularizadas» gracias a que en los dos últimos años el Gobierno Vasco ha incrementado el presupuesto en un 10%. No obstante, reclamó un aumento de la aportación de entre 15 y 18 millones para atender las necesidades actuales recogidas en la memoria de la UPV y que ascienden a 364 millones frente a los 349 millones del presupuesto aprobado. «Esa cantidad sería para hacer lo que ya estamos haciendo, debería ser más elevada si queremos sacar la cabeza y afrontar los nuevos retos», indicó el rector que, sin embargo, no se atrevió a dar una cifra.
Las tasas «más baratas»
En su comparecencia, solicitada por el parlamentario socialista Antonio Rivera para dar cuenta de la situación de la UPV, el rector aludió a las tasas universitarias del País Vasco al señalar que son las «más baratas del Estado». Sin llegar a solicitar el incremento de estas tasas que corresponde tanto al Gobierno central como al vasco, Pérez reflexionó sobre este aspecto del que dijo no entender por qué razón política se mantienen dichas tasas.
Por otra parte, alabó el plan plurianual de inversiones, del que dijo es «magnífico» ya que «permitirá que en los años sucesivos no vengamos al Parlamento a decir que la UPV se cae a pedazos».
Entre los déficits a subsanar, el rector volvió a mencionar la falta de una política que impulse y potencie la investigación y la escasez del personal de Administración y Servicios (PAS) ya que, en la actualidad, hay tres profesores investigadores por cada PAS, cuando lo normal es que la relación sea de 1,5. Asimismo, mencionó el envejecimiento de los docentes, cuya edad media ronda los 50 años, un desequilibrio entre el profesorado y el alumnado bilingüe y la escasez de salas de informática, aulas de prácticas y de laboratorios.