Miércoles, 28 de junio de 2006
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LA CALLE DE LA MEMORIA
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La pregunta era «¿dónde se puede andar en bicicleta?» 1976
LA CALLE DE LA MEMORIA/
Varias generaciones de donostiarras, unidas por las dos ruedas.
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Dónde se puede andar en bicicleta?». El titulillo de un comentario publicado en la sección Sirimiri de EL DIARIO VASCO a finales de junio de 1976 nos llama poderosamente la atención hoy. Tres décadas antes de que los bidegorris inundasen San Sebastián, tanto tiempo antes de que el uso racional de los paseos, las bicicletas y los vehículos públicos y privados fuesen continuo tema de debate, ya se hablaba del lugar que debía ocupar la bicicleta.

Claro que entonces la bici se asociaba a los niños. Estábamos en 1976, recuerden. Leamos: «El «¿Dónde se puede andar en bicicleta?», en San Sebastián, es pregunta que muchos padres se hacen diariamente, a la hora en que sus hijos ofrecen la pataleta por querer salir a «andar en bicicleta». El problema y la pregunta no es de hoy».

Algunos paseos que antes se llenaban de bicis estaban ya en desuso en 1976. «Antes de ahora hemos respondido que en el Paseo de los Fueros, pero en la actualidad no nos atrevemos a señalar dicho lugar como pistas para niños, por la sencilla razón de que el evocador paseo está convertido, desde hace una serie de años, en estacionamiento de coches y resulta imprudente recomendar a los niños jueguen a las carreras ciclistas en dicho lugar. Lo mismo decimos del Paseo Nuevo».

A falta de zonas acondicionadas, los chavales daban a los pedales en lugares inconvenientes. «Últimamente se ve a los niños pedalear en las aceras del Paseo de la Concha, en la Avenida, en cualquier acera de cualquier calle de la ciudad, por la que salen sorteando a los peatones y motivando más de un susto y caída».

Constataba el periódico que «el niño no tiene un lugar apropiado para desfogarse y consumir la adrenalina de cupo imitando al sprinter más famoso del momento. Necesita unas pistas alejadas de todo peligro de ser arrollados por los coches, como los peatones necesitan también de cierta tranquilidad para transitar por las aceras sin temor a los pequeños ciclistas».

Se pedía desde DV una solución, habilitando algún que otro tramo o espacio «para destinarlo a pista para ciclistas infantiles». En todo caso, hace treinta años tenían claro que «los timbres de las bicicletas de los niños piden sitio en la ciudad para divertirse con unos vehículos que se ponen a la venta y pagan su correspondiente patente. Que todo el mundo tiene su corazoncito y muchos... bicicleta».



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