SAN SEBASTIÁN. DV. La España del tiki, taka quedó eliminada del Mundial por el primer equipo serio al que se enfrentó y con ella el único representante guipuzcoano, Xabi Alonso, que asistió impotente a la victoria francesa. Al igual que ocurriera hace dos años en la Eurocopa de Portugal, el tolosarra se ve fuera de la competición cuando más ilusiones tenía depositadas en alcanzar algo grande. En esta ocasión, la pena es aún mayor porque se había ganado un puesto fijo en el once y era una de las piezas básicas de Luis Aragonés. Otra vez será.
Xabi, al igual que toda la Selección, no realizó un partido brillante. Su juego se vio condicionado por el planteamiento de ambos seleccionadores, que motivó que los 22 jugadores se manejaran en muy poco terreno de juego. Aragonés se decantó por el estilo más mediático del momento, el del llamado toque -como si en el fútbol no hubiera aspectos más importantes-, con Xavi y Cesc flanqueando a Xabi Alonso, Raúl de enganche -algo curioso cuando no es un gran pasador y en esa zona es una cualidad determinante- y Villa y Torres arriba. Domenech, sabedor de la calidad de los tres mediocampistas rivales, apostó por igualar la batalla en esa zona con Vieira, Makelele y Zidane, pero además dio una vuelta de tuerca adelantando su línea defensiva, lo que bloqueó totalmente el juego español.
Gracias a la rapidez de su defensa -Sagnol, Thuram, Gallas y Abidal-, Francia pudo tener una posición adelantada sobre el campo, lo que dejó sin espacios a Cesc y Xavi, perdidos en el cuerpo a cuerpo ante la mayor fortaleza de Vieira y Makeleke. En esa situación, Xabi Alonso ejerció más de apagafuegos, haciendo la ayuda a los laterales, Ramos y Pernía, cuando los franceses se hacían con el balón, que de organizador, ya que la ausencia de profundidad le dejaba sin opciones para conectar sus balones largos. Además su posición en el campo quedaba demasiado retrasada.
Sin esa primera opción, la segunda pasaba por utilizar los pasillos interiores, pero ni Villa ni Torres bajaron a recibir para dinamizar la posesión y crear espacios por los que rompieran los integrantes de la segunda línea, Cesc, Xavi y Raúl.
Francia llevaba el partido a su terreno y el tolosarra únicamente podía mover el balón hacia los laterales, Ramos y Pernía, donde Malouda y Ribery iniciaban la presión. Para arriba nada de nada, porque sin posesión en la zona de tres cuartos, era imposible ganar en profundidad.
Descolocados atrás
Pero es que, además de inoperante en ataque, España se mostraba débil en defensa, porque a la línea adelantada que también dispuso Aragonés le faltó la presión al balón que en Francia sí ejercían Makelele y Vieira y aquí costaba más hacer a Cesc y Xavi, que casi siempre quedaban descolocados tras cada pérdida de balón. Xabi trataba de corregir las posiciones de sus compañeros más adelantados para guardar sus espaldas y estar cerca en la presión. Y es que cada pérdida era una amenaza para la zaga hispana.
Henry, que cayó una y otra vez en fuera de juego, vivía a las espaldas de Pablo y de Puyol tratando de que estos se retrasasen para que Zidane, Vieira y Makelele pudiesen maniobrar. Jugaba al despiste, al engaño, porque sabedor de que era el más vigilado, su labor consistía en atraer la atracción del rival para rompieran sus compañeros de la línea anterior. Y así lo hacían, una vez Malouda, otra Ribery, hasta Vieira estuvo a punto de marcar a la media hora llegando desde atrás.
Ni el gol de Villa, en una claro penalti de Thuram a Pablo, arregló la situación. Porque Francia no perdió la paciencia y al borde del descanso empató como se esperaba. Con Henry distrayendo a los centrales y Ribey rompiendo, tras preciosa pared con Vieira, por el lado contrario.
El descanso no arregló la situación. Francia dominaba el centro del campo y no pasaba apuros atrás con una defensa rapidísima. Arriba le faltaba algo, con Henry demasiado solo, pero ayer eran los centrocampistas los hombres llamados a decantar el partido de su lado. Y así fue, porque además de Ribery, marcaron Vieira y Zidane.
A España le costaba dominar la zona ancha, ya que jugaba donde le permitía Francia y a partir de la zona de tres cuartos, los Makekele y Vieira ya avisaban de la muralla que tenía detrás. Infranqueable. Eso sí, cuando robaban el balón, salían rápido a la contra. Pero esta vez el segundo gol no llegó al contragolpe, sino a balón parado. Fue una falta lanzada por Zidane que Xabi Alonso trató de despejar en el primer poste. Sin querer, peinó hacia atrás donde Vieira robó la cartera a todos para marcar a placer. En los diez minutos finales el corazón se impuso a la cabeza, pero fue insuficiente para superar el orden impuesto por los franceses.