Érase una vez un pueblo cualquiera en el que vivían dos vecinos con sus fincas colindantes. El que más terreno tenía decidió reservar un espacio de su terreno para reciclar la basura y hacer compostaje para la huerta. Puesto que él, en el terreno de su propiedad, hace lo que le parece, decidió ubicar el lugar en una esquina alejada de su finca pero contigua a la zona en la que su vecino, con menos terreno, había instalado un espacio para el esparcimiento, con su mesa, su asador y una pequeña piscina.
Ni que decir tiene que, al poco tiempo, en esa zona de recreo no se podía estar debido a los malos olores y como no tenía espacio para desplazarla, se vio privado de aquello que más ilusión le hacía: juntarse con sus hijos y nietos y disfrutar de la naturaleza.
Hasta aquí la fábula o el cuento, como queramos llamarlo. Pero la realidad puede ser mucho más cruel. Primero deciden, contra el pensar de una gran mayoría, instalar una incineradora. Y ahora, deciden su ubicación. Uno en su terreno, legalmente, puede hacer lo que quiera, pero la justicia ¿dónde queda? ¿Acaso es justo lo que nos quiere imponer el Ayuntamiento de Donostia con el beneplácito de la Diputación?
Los vecinos de Errenteria y entorno venimos soportando todos los inconvenientes (ma- los olores, ruidos, deterioro medioambiental...) derivados de la instalación del vertedero de San Marcos desde hace 42 años. Parece un sarcasmo que llevemos años exigiendo su cierre y ahora quieran colocarnos la incineradora a una distancia de apenas 5 kilómetros del vertedero. ¿No hay derecho! Y creo que nadie nos podrá tachar de insolidarios.
Durante los últimos años, el Ayuntamiento, con el dinero de todos los vecinos, ha venido recuperando espacios para el disfrute de todos, cuyo ejemplo más palpable es el parque de Listorreta. Y ahora, un vecino arrogante quiere echar por tierra la ilusión de todo un pueblo. Quiere obligarnos a cerrar la única ventana que tenemos abierta a la naturaleza, simbolizada en Listorreta, que mira hacia el Parque Natural de Peñas de Aia. Se podrá decir que la decisión adoptada por el Ayuntamiento de Donostia es legal, pero ¿es justa? Y contra la injusticia, siempre nos han enseñado que no debemos ser tolerantes, que debemos luchar. No queremos incineradora y menos en nuestra propia casa. Nuestro pueblo no puede ser el vertedero de Gipuzkoa. Es injusto. Y yo les pido desde aquí a los corporativos y particularmente al alcalde, Juan Carlos Merino, que tomen una decisión: si quieren alinearse con las directivas de sus partidos o se posicionan con sus vecinos, gracias a los cuales ocupan sus puestos.
Txema Arenzana