Hamburgo, famoso puerto en el Norte de Alemania. Lo conocí en el año 1968. ¿¿Dios mío!!! ¿¿¿Han pasado casi cuarenta años!!!. Entonces, el equipo de mi pueblo, el Cardiff City, llegó hasta las semifinales de la vieja Recopa de Europa. Increíble, pero cierto. Jugábamos en la Segunda División en Inglaterra, pero al ganar la Copa de Gales entramos en la Recopa de Europa. Eliminamos a irlandeses, holandeses y también al famoso Torpedo de Moscú para alcanzar las semifinales. El Hamburgo tenía un buen equipo entonces y entre otros estaba el central Schulz y el legendario delantero Uwe Seeler. Dos años antes ellos habían jugado con Alemania la final de la Copa del Mundo en Wembley contra Inglaterra. Encuentro histórico que ganaron los ingleses en la prórroga.
Entonces, con mis 19 años, era la primera vez que tenía que jugar un partido con tanta trascendencia. Parece mentira, pero en aquellos tiempos estaba bastante rápido. Bueno, me costaba arrancar, no tanto como ahora, pero una vez en marcha ya podía hacer algunas cosas...
En aquel partido tuve que correr mucho adelante, porque jugamos con un sistema parecido al 8-1-1 y la verdad es que nos pasamos todo el partido defendiendo. Fue como la película de John Wayne, El Álamo. pero esta vez no murimos todos, sino que empatamos ¿1-1!, un resultado tremendamente positivo. En el partido de vuelta, a falta de quince minutos, ganábamos 2-1, pero los alemanes marcaron dos veces y «adiós, amigos». Luego, el Hamburgo perdió al final de la Recopa con el Inter de Milán. Recuerdo que ésta fue mi primera gran decepción como futbolista.
Hace cinco días volví a Hamburgo para asistir al partido entre Italia y la República Checa. Ambiente fantástico dentro del campo, tanto que cuando los dos porteros salieron a calentar se me pusieron los pelos de punta. Peter Cesch y Gianlucca Buffon. Dos gigantes en las porterías, los dos mejores del mundo. Buffon, en su área, justo delante de los tiffossis, entre gritos de «Italia, Italia, Italia». En el otro lado del campo, Cesch, menos expresivo que Buffon, pero muy meticuloso en su calentamiento, con un tímido agradecimiento a los aplausos de su público. Los dos eran como Ali y Frazier, antes de uno de esos combates de los pesos pesados. repito, ambiente fantástico, campo lleno y cada portero en su área calentando. Luego, los himnos. Primero, el de los checos, bonito, pero un poco triste, recordando a los viejos países del Este de Europa. Tranquilidad y respeto en todo el campo y, enseguida, el himno italiano. Tiene marcha, y ritmo. Todos cantando y moviendo los pies, disfrutando cada momento.
Ganó Italia y los checos tuvieron que hacer las maletas antes de lo previsto. Sufrieron, sin duda, por los problemas físicos de sus dos delanteros, Koller y Baros, pero también es cierto que el equipo necesita bajar la media de edad. Veo vientos de cambio en esta selección. Nedved probó a su colega en la Juve, Buffon, pero el portero estuvo soberbio. Cualquier posibilidad de los checos desapareció al quedarse con diez jugadores en el minuto 40. Cuando terminó el partido, un lado estuvo quieto, callado, triste, mientas en el otro lado todo eran gritos de alegría. Osea, como los himnos.
No me gustó mucho el partido. Los italianos tuvieron todo a su favor, pero tardaron mucho en sentenciar y no les vi bien, aunque ya están en cuartos de final. Lo único que me quedaba era recorrer los dos kilómetros que había desde el campo hasta donde me esperaba mi taxista turco. Treinta minutos hasta el centro, donde cené con él delante de una pantalla gigante que transmitía el partido entre Brasil y Japón. ¿¿¿A veces este trabajo de entrenador es muy duro!!!. Me fui a la cama después de un día muy largo, pero mereció la pena sólo por ver a los dos porteros calentando y escuchar los himnos. ¿¿¿Soy un privilegiado!!!