Lunes, 26 de junio de 2006
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Ceder o defender la Libertad
Llevamos demasiado tiempo escuchando o leyendo opiniones, muchas de ellas absolutamente injustas y claramente ventajistas, a raíz del mal llamado proceso de paz abierto tras la declaración del alto al fuego permanente por parte de ETA. Desde aquel mes de abril, he guardado un escrupuloso silencio, a la expectativa, en la prudencia que unos y otros nos exigíamos desde entonces para evitar caer en la tentación de hacer el juego a una banda de asesinos y, sobre todo, con la cautela que exige dar carácter de verosimilitud a ETA, a la que algunos, desgraciadamente, conocemos de sobra y muy de cerca, entre otras cosas, como es mi caso, porque llevo toda la democracia metida en esto de la política.

El caso es que ya no puedo más. Ya no puedo soportar más declaraciones o comentarios injustos, insidiosos, me atrevería a decir que hasta miserables, como los que se recogían en el último artículo del socialista Miguel Buen, publicado en estas mismas páginas.

En este contexto, como presidenta de un Partido que ha aportado lo suyo a la democracia en el País Vasco en estos casi 30 años (no nos hemos plegado al chantaje, a la coacción y a la intimidación y hemos permanecido defendiendo de forma impecable nuestros ideales, respetando el Estado de Derecho y la Democracia), como presidenta del Partido Popular de la provincia más castigada por ETA y que más ha sufrido los ataques de los terroristas, tengo muy claro que no hemos recorrido todo este camino para, finalmente, aceptar el chantaje del terrorismo.

Y esta resistencia que hemos demostrado a lo largo de todos estos años, esta aportación tan costosa a la Democracia, es un valor indudable que debería reconocerse de forma inequívoca por unos y otros. Nosotros, señor Buen, nunca hemos buscado atajos para acabar con el terrorismo al margen de la ley. Tampoco los vamos a buscar ahora.

No me cabe ninguna duda de que la sociedad vasca va a premiar esta trayectoria impecable en la defensa de los valores fundamentales que ha mantenido el PP en todos estos años, como lo hizo la UCD en el comienzo de la democracia. Y no deberíamos asustarnos por el enorme ruido, por la tremenda confusión que en estos últimos meses se está generando a raíz del mal llamado proceso de paz y las esperanzas de una sociedad que, al igual que nosotros, desea el fin de ETA y del terrorismo.

Por eso, insisto, nuestra trayectoria democrática es un valor tan importante que no estoy dispuesta a que se ponga en duda, como se está haciendo en los últimos meses y como intenta confundir el señor Buen.

La sociedad vasca es lo suficientemente madura para que, después de tantos años, sepa valorar la enorme contribución a la democracia del Partido Popular en el País Vasco y su coherencia y respeto a la ley y a la democracia para, ahora, aprovechando la debilidad de ETA, ceder a sus históricas exigencias y dotarles del protagonismo que nunca se merecieron.

Hay una cuestión que me rebela sobremanera. Resulta que ahora nos cuentan que el presidente del Gobierno es un «valiente» por «dar pasos para resolver el conflicto». Yo lo tengo muy claro: el señor Zapatero ha hecho lo más fácil, algo que no se ha atrevido ningún presidente de la reciente democracia española. Ninguno de los cuatro que precedieron a Zapatero cayó en la irresponsabilidad de «ceder» a las pretensiones de los terroristas. Si cualquiera de ellos se hubiera plegado a las viejas y antidemocráticas exigencias de ETA, está claro que se hubieran evitado muchas víctimas. Es probable que en Euskadi y en España habría paz, pero le aseguro que no habría ni libertad, ni justicia, ni democracia. Y en éstas estamos, para escarnio de todos y de cuantos llevamos tantos años defendiendo con la palabra la libertad de todos.

Es increíble constatar que este cambio de 180 grados se analice desde determinados ámbitos, bajo mi incredulidad y la del resto de los ciudadanos, como un avance, como un cambio natural de estrategia, en una constatación más del mundo al revés en el que, desgraciadamente, vivimos en el País Vasco. El mundo al revés que considera víctimas a los verdugos, ese mundo al revés que analiza como positivo que un Gobierno ceda ante el chantaje de unos terroristas, en fín, a tantas y tantas situaciones de anormalidad democrática que padecemos aún en pleno siglo XXI, en el País Vasco y sobre las cuales el Partido Popular no piensa ceder.

En este juego de la confusión, de la manipulación del lenguaje, de la perversión de los valores, no puedo pasar por alto dos cuestiones fundamentales: ETA no ha desparecido ni piensa hacerlo (llevo demasiados años en esto, señor Buen) y no sé si habrá algún partido más interesado que el Partido Popular para acabar, comme il faut, con ETA. No lo dude. Nosotros siempre hemos colaborado con este propósito. Siempre. Queremos acabar con ETA y olvidarnos de ella, y esto no se consigue con atajos como el emprendido por el Gobierno de Zapatero. La paz no vendrá nunca de la mano de ETA



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