Las palabras expresan los pensamientos y los sentimientos personales. Pero, además, repetidas con insistencia, gobiernan los pensamientos y los sentimientos de las colectividades. Por eso debemos tener mucho, muchísimo cuidado con ellas. Debemos decir lo que queremos decir y no otra cosa; ni por más ni por menos. E insistir en aquello que queremos que sea oído por todos, para que todos puedan repetirlo a su vez..
Coro: ¿Eres un filósofo!
- Para conseguir este objetivo, y teniendo en cuenta que no todo lo que uno quiere decir está en los diccionarios, yo acostumbro hacer pequeñas modificaciones en la estructura de las palabras para añadir a su sentido primero y acordado, el que viene como principal en el diccionario, alguna pizca traviesa que enriquezca su significado, estimule la imaginación y enriquezca el ejercicio de la conversación
Coro: ¿muy bueno lo tuyo!
- El truco que más utilizo, por fácil y eficaz, es el de la repetición de sílabas. Pedantescamente lo he llamado en alguna ocasión con el nombre de aliteración semántica intencionada. No es preciso añadir que los éxitos mayores de esta original modalidad de comunicación los he conseguido con los niños: mis hijos cuando eran pequeños, mis sobrinos nietos ahora.
Una voz reivindicativa y retadora:¿ Y de los adultos, qué!
- De los adultos prescindo, salvo conocidas excepciones como los esposos De Laurentis, el doctor Fernández Braña y hasta el mismo Assad Baruch que, con toda su solemnidad judía es un cachondo mental aunque a veces consigue ocultarlo. Pero, en general, no cuento con los adultos porque, o creen que se las saben todas, o se sienten desorientados y se niegan a entrar en el juego.
Coro: ¿sabia medida frente a los que no colaboran!
- La verdad es que tampoco es necesario asentir ni consentir en estos juegos para ser amigos míos y estar de broma cuando hace al caso Tal sucede con el doctor Pérez Urdangarín con el que suelo sostener amistosos y amenos parlamentos más de acuerdo que de disenciones. O con Iñigo y Begoña, con Águeda o Cristina, de rápidos chispazos dialécticos. O con el caballeroso José Luis, de palabra fácil y enriquecedora o con mi señorito, irónico,informado, vivaz e inteligente. Tengo también amigos seriotes con los cuales me divierto mucho cuando llega la ocasión, como Emil von Xylander o el Doctor Iribarnegaray, el peruano.
Coro: ¿así da gusto!
- Y muchos otros con los que hablo de la rana meridional, de toros, de vinos, de armas, de guerras de ayer y de hoy y hasta de política, pero con cuidado y respeto.
Coro: ¿eso se llama democracia, tolerancia y universalidad, sí señor¿
- Así, que volviendo al cuidado que se debe tener con la palabras, para mí no es igual decir tengo que pagar que tengo que papagar. Este último vocablo, enriquecido con un doblete de su sílaba inicial, añade un matiz familiar al vulgar acto de satisfacer un precio por medio del dinero. He dicho a los niños que papagar es pagar con el dinero de papá. De allí surgen nuevos vocablos ideados por los propios chavales a imitación de mis propuestas.
Coro (con irreprimible entusiasmo): ¿Que lo digas! ¿Que lo digas!
- Así, mamagar sería pagar con el dinero de mamá. Esta palabra arrastra, además, una derivación ideológica y adventicia que hace referencia al acto de mamar considerado desde el punto de vista de la posibilidad de atragantarse, lo cual tiene aplicación amplísima en el ámbito de la política y otros juegos malabares. Claro que por este camino se puede llegar a muchos lugares no pensados y a muchas palabras no inventadas todavía. A veces, el ingenio con que algunos profesionales consiguen rescatar a la publicidad de la vulgar condición de su ejercicio, nos da la satisfacción de sorprendernos con algo parecido. Tal sucede con aquello de los pezqueñines. No pescar ni comprar pezqueñines. Todo un hallazgo al servicio del conservacionismo medioambiental .
Coro (vibrando de entusiasmo): ¿Eres un genio!
- Hablando de política, la demomocracia sería, por la alusión apenas velada al dios Momo, esa democracia payasa o carnavalesca, a que nos quieren acostumbrar algunos. Y no hace falta señalar.
Coro:¿No te cortes¿
- Y la memocracia sería un término equívoco que lo mismo designaría a la democracia de los memoriosos que nunca olvidan la dictadura, que la democracia que ponen por obra los memos.
Coro: ¿Eso! ¿Eso!
- En otras ocasiones es la propia deriva del idioma la que lleva a resultados sorprendentes. Ya es coincidencia que un ministro homosexual se apellide Zerolo, y que un banquero importantísimo se apele Botín. El término zerolo o cerolo es uno de las más de seiscientas palabras que designan en español transatlántico a los cultivadores de la opción homosexual.¿Qué riqueza léxica!
Coro, mientras aplauden tímidamente tres de cada cuatro concurrentes españoles, se oye una voz solitaria que grita con acento argentino: ¿Qué grande sos!
- No quisiera abrumaros con pormenores. Pero la farmacopea y la química brindan también grandes oportunidades para enriquecer al idioma con nuevas malicias. No os quiero describir el interés que provocan entre la chiquillería titulaciones como 3, 4, 5 - trimetoxibenzilpiperacina, que divierte como un trabalenguas y al mismo tiempo acerca a la ciencia química y al baile sincopado. ¿Probad vosotros!
Coro, al comienzo con vacilación, después, con verdadero entusiasmo ovacional: ¿Tres! ¿Cuatro! ¿Cinco! ¿Tri-metoxi-benzil-piperacina! Pronto el jaleo se convierte en baile. Y la titulación coreada invade el ámbito. El orador continúa, pero su voz casi no alcanza a hacerse oír:
- -El campo de las palabras nuevas para conceptos nuevos es ingente hoy en día, y no por eso debe ser confundido con indulgente, ni con insurgente, o con indigente ni mucho menos con detergente. Debían los ministerios de la transformaciones en curso poner a la imaginación y al libre decir en el poder. Y ya que idearon una nueva clase de unión jurídica entre homólogos, en lugar de emplear una palabra retrógrada, casposa, fascista, machista, imperialista y obsoleta como es la de matrimonio, ¿por qué no se decidieron por la palabra homoseximonio que es de nueva acuñación y describe con veracidad la nueva situación?
Coro (moviéndose al unísono): ¿Tres! ¿Cuatro! ¿Cinco! ¿Tri-metoxi-benzil-piperacina! ¿Tri-metoxi-benzil-piperacina!
- -Recuerdo ahora que un día en que habíamos comenzado a hablar de los huevos fritos terminamos, por deriva de la chiquillería, hablando del lugar remoto a que hace referencia el criollo cuando dice «allá donde el diablo se rascó los güevos». De deriva en deriva, pasamos a la otra versión del dicho: «allá donde el tigre se rascó los güevos». Y, del tigre rascador, también por deriva, llegamos a un punto en que el menor de todos preguntó por las manchas oscuras que el infrascrito tiene en las manos. Como los niños son niños pero no tontos, supieron entrar en el juego cuando yo, poniendo la mano como una garra y haciendo mas ostensibles las manchas, contesté que me estaba convirtiendo en el «hombre ocelote».
Pero la madre, alarmada y seria, encantadora y letal, hizo este disparo directo a la nuca de la fantasía infantil: «no hagais caso, Miguel os está tomando el pelo» y con semejantes palabras se acabó la fiesta. Claro que pude llegar a preguntar ¿con qué se toma el pelo? ¿con un terrón de azúcar o dos? Pero no quise apurar la suerte. Y me callé como un bendito.
Mientras, el Coro seguía entonando: ¿Tres! ¿Cuatro! ¿Cinco! ¿uuh! ¿Tri-metoxi-benzil-piperacina!