Lunes, 26 de junio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
TOROS SEGUNDA DE LA FERIA DE SANJUANES EN TOLOSA
Castella se hace el amo de Tolosa
Castella se hace el amo de Tolosa
Castella pasea una de las dos orejas que cortó ayer. [JOSË MARI LÓPEZ]
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LOS DATOAS
Segunda de Feria de Sanjuanes: Plaza de toros de Tolosa. Casi media entrada en tarde bochornosa. Toros: Seis de Alcurrucén. Todos muy bien presentados pero con desigual comportamiento. Primero, segundo y sexto muy en la línea de la casa. César Rincón: (Burdeos y oro). Ovación tras un aviso y saludo desde los medios. Javier Conde: (blanco y plata). Pitos y bronca tras un aviso. Sebastián Castella: (rosa y oro). Oreja (tras un aviso) y oreja con petición de una segunda

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Nadie se salió del guión en la segunda y última de los sanjuanes tolosarras. Era un cartel de nota y el público -con muchos franceses y numerosos colombianos en las gradas- disfrutó mucho más que el pasado sábado. Alcurrucén sirvió un encierro parejo, bien presentado, con bastante cuerpo pero con poco gas. Toros poco fáciles para los toreros que tuvieron que aplicarse con lo mejor de sus conocimientos para salir del compromiso.

El colombiano César Rincón dio en su primero una auténtica lección de magisterio torero. Distancia, temple, sitio preciso en cada circunstancia y cortas pero muy enjundiosas tandas con la derecha. Por el pitón izquierdo no había nada que rascar pero del otro, del bueno, sacó excelente provecho.

No tuvo la misma suerte en su segundo. Un toro más avisado, al que recibió en tablas en la faena de muleta. Como con su anterior enemigo, César tuvo que hacerlo todo pero salió achuchado en un par de ocasiones y desarmado en otra. Lo poco que restaba lo aprovechó sacando pases de los cortos viajes del toro al que finiquitó con peores modos que a su primero. Un nutrido grupo de colombianos le hizo salir a los medios a recoger flores mientras ondeban las banderas de su país.

Gominas Conde -Javier Conde en los carteles- también estuvo en su papel. Es decir, un desastre. Una mezcla de miedo, distancia (de la mala), reculeos, gestos con los que trataba de decir «no puedo» y falta de vergüenza torera y de la otra. Ni un pase decente en su primero al que finiquitó de un bajonazo. Y más de lo mismo en su segundo al que cogió pavor terrible después de que el astado derribara a los dos caballos de picar. No hubo tiempo ni ganas para sus peculiares saltitos y carrerillas de ballet. Ni eso. Figúrense lo que se arrimó que iba vestido de blanco y plata y se marchó al hotel con el traje de torear incólume como salido de la tintorería. Menos mal que en los tendidos y en los palcos corría el champán. Así mi vecino de puesto, José Antonio Castro, consiguió no enojarse mucho con 'lo' de Conde y me invitó a unos traguitos de espumoso que es con lo que mejor se pasan los malos tragos.

La alegría, el desparpajo y los detalles de fuste (combinados oportunamente) los puso Sebastián Castella ante el delirio de los muchos aficionados franceses que ayer viajaron a Tolosa y ante el contento de los no franceses que acudieron a la plaza.

Tuvo capotazos de mérito y tandas con la muleta en las que supo mezclar con habilidad los pases de efecto con los de verdad. Se arrima para que el público vibre. Y vibra. Y balancea la muleta quedándose a merced del toro para que el público aplauda. Y aplaude. Ayer, además, mató con efectividad más que con ortodoxia y eso también le encanta al público. Y por eso se llevó una oreja en cada uno de sus toros y en el segundo pudieron ser dos.

El francés hace tiempo que está dando que hablar y, además, empieza a ser un 'habitual' de las puertas grandes. Ojo.



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