Uno de los capítulos que mayor repunte registró el año pasado fue el de fiestas populares: la SGAE recaudó por ese concepto casi 400.000 euros. Pero en esa batalla la entidad se ha topado con algunos ayuntamientos que no terminan de verlo claro. Un reciente caso lo protagonizó Getxo, cuyo consistorio se negó a abonar la cantidad reclamada por los derechos musicales de las once fiestas de barrio que se celebran anualmente en el municipio vizcaíno.
La SGAE reclama por vía judicial 46.000 euros por celebraciones que organizaron los colectivos vecinales entre 1997 y 2005. La Alcaldía getxotarra se niega a pagar alegando que no se trata de las fiestas patronales, sino festejos organizados por colectivos sociales que reciben cada año una subvención. A su modo de ver, la SGAE debe dirigirse a las comisiones de vecinos que decidieron que hubiera fiesta, organizaron los actos y administraron el dinero. La SGAE cobra pequeñas cantidades por cada diana, pasacalles, desfile de carrozas o baile tradicional que se celebra en la vía pública. La factura se hace a partir de los programas de mano y un sistema de tarifas asumido por la Asociación de Municipios Vascos (Eudel) hace seis años, un acuerdo al que dieron su visto bueno 150 ayuntamientos vascos sobre un total de 250.
Uno de esos ayuntamientos situado en Gipuzkoa, cuyos responsables prefieren mantenerse en el anonimato, no lo tiene claro. «En este tema tiran por elevación: las fiestas las organizan los vecinos pero está claro que siempre está detrás el ayuntamiento». Lo mismo a la hora de aceptar los criterios de pago. «¿Por qué alguien que sólo representa a La Oreja de Van Gogh y Sabina se echa sobre la txaranga del pueblo? Tendrán que demostrar que los derechos de lo que tocan les corresponden, y no lo hacen, sólo se basan en presunciones. ¿Cómo saben lo que suena en mi bar? Es imposible comprobar cada tema, pero se lo reclaman al ayuntamiento».
Y surgen los tradicionales orales euskaldunes. «¿Xenpelar o Txirrita eran de la SGAE? ¿Pertenecen a ella sus herederos o cobran por lotes? Dan por supuesto que representan a los autores pero la factura que te pasan no lo especifica. Ellos me tendrán que demostrar a mí que alguien va a cobrar por eso que yo abono», sostiene el responsable jurídico del consistorio consultado.
Según un estudio oficial, el pasodoble Paquito el chocolatero, del valenciano Gustavo Pascual, es la canción que más derechos ha generado en España por la interpretación en directo. Sus herederos aseguran que no tienen nada que ver con las demandas. «Esas cosas las promueve la SGAE», declaró un hijo del compositor. «No nos parece justo que a una banda que va a un acontecimiento, paga su entrada y no cobra, se le pida dinero por tocar una pieza. El orgullo que nos produce está por encima de reclamaciones».
Paquito no falta en toda boda que se precie. Los novios pagan por la música 102 euros y si rebasan los 75 invitados, se les cobra 0,41 por comensal adicional. Casado expresa su extrañeza por el hecho de que alguien se escandalice. «Sin orquesta o música grabada no hay boda y la cuota no la abonan los novios, la paga el restaurante, que lo repercute a los novios, como los langostinos o el foie. ¿Mucho?, ¿comparado con qué?».