Domingo, 25 de junio de 2006
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BIDASOA
De la sonata al bolero
Una banda formada por profesores del Conservatorio de Irun ofrece esta noche en el frontón Euskal Jai de la calle Santiago un repertorio de música latina
De la sonata  al bolero
La banda de profesores del Conservatorio, durante un ensayo. [F. DE LA HERA]
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IRUN. DV. Bossa, mambo, merengue, guajira... Basta escuchar esas palabras para que el cuerpo se suelte y se entregue al baile. A Lerman Nieves, el profesor de contrabajo del Conservatorio de Irun, los ritmos caribeños le resultan familiares. Su origen venezolano le lleva a tocar un bolero con la misma soltura con la que su formación académica le permite interpretar una sonata.

En un centro de enseñanza como el Conservatorio de Irun, en el que la música clásica marca la pauta, Lerman Nieves tuvo la iniciativa de introducir «algo más relajado, no tan serio. La idea surgió durante una audición que tuvimos el profesor Julio Bravo y yo con los alumnos», explica. «En ella se incluía una pieza con ritmo latino. Vimos que la gente reaccionaba de manera distinta. Sonreía y aplaudía más. Entonces pensamos en hacer una big band latina con otros profesores. Al principlo, la idea les sorprendió. Estaban un poco reacios, pero después de algunos ensayos se entusiasmaron».

El resultado de aquella iniciativa es una banda formada por quince músicos -cuatro percusionistas, tres saxofones, cinco metales, contrabajo, piano y voz solista- que debuta esta noche, a las diez y media, en el escenario del frontón Euskal Jai de la calle Santiago. «El Ayuntamiento nos dio esta oportunidad de actuar y la vamos a aprovechar. La banda está sonando muy bien y creo que tanto quienes quieran sólo escuchar como los que se animen a bailar pueden pasar una velada muy agradable», añade Lerman Nieves.

La sonrisa y el aplauso

El profesor de contrabajo reconoce que no es fácil hacer bailar al público vasco. «Es un público frío en ese sentido», dice, «aunque responde a su manera, con la sonrisa y el aplauso y sabemos que los ritmos latinos gustan. Lo ves en la cara de la gente. La primera vez que actué con una orquesta de salsa en Euskadi fue en Tolosa. Llegamos a la plaza donde estaba programado el concierto y la encontramos llena de sillas. Nos sorprendió porque, para nosotros, no era lo habitual. Pero entendemos que también pueden disfrutar de la música sentados».



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