Sábado, 24 de junio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
EL PULSO
Análisis, por Tonia Etxarri. La venda y la cautela
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El inconveniente que tiene el empeño de Zapatero en seguir adelante dialogando con ETA, pase lo que pase, es que, por mucho que los presos como 'Txapote' exhiban su desprecio y nulo arrepentimiento, por mucho que los terroristas hayan retrocedido, con su último comunicado, a la antesala de la declaración de Otegi en Anoeta, por mucho que hayan dejado sobre el panel el mensaje de que han establecido determinados compromisos, por mucho que empiece a rebrotar el terrorismo callejero como reacción a las últimas detenciones, el presidente actúe, ante la opinión pública, como si no estuviera pasando nada. Transmitiendo de paso esa imagen tan inquietante, por impasible, de que nada le detendrá en su objetivo .

El presidente no tiene experiencia en los pulsos gubernamentales con la banda terrorista. Se acaba de estrenar en tan ingrata tarea pero los conocedores de este tipo de procesos deberían aconsejarle del riesgo que corre si quiere jugar este partido en un solo tiempo. Cautela, sí; calma, también. De entrada, a lo que su entorno llama «diálogo», ETA lo denomina negociación, que esperan poder encauzarla, si no directamente con el Gobierno, a través de la mesa de partidos. Por eso cada vez que Blanco dice que no habrá precio político en este tipo de pulsos, desde Batasuna le enmiendan la plana. Frío, frío; que no confunda deseos con realidades. Pero lo peor, porque se alimenta sospechas al negar verdades (así lo cantaba Imanol) es el oscurantismo del proceso. Porque, al final, todo se sabe. Así ocurrió en el 98.

Si, al final, resulta ser cierto que los contactos entre socialistas y Batasuna tienen ya cuatro años de recorrido, difícilmente se le puede pedir a la oposición que dé su voto en blanco al actual Gobierno que, contrariando sus constantes cánticos a la transparencia, se permite el lujo de haberle engañado en repetidas ocasiones. Se quejan en el grupo socialista de que nunca como ahora un gobierno se había encontrado con tantas cortapisas por parte de la oposición política y mediática a la hora de tomar la temperatura a ETA. Y tienen razón. Pero no darán con la respuesta adecuada si se contentan con culpar a Rajoy de inmovilista. Al presidente le ha durado un telediario su solemne frase: «Primero la paz, luego la política» porque, como todo el mundo recordará, en cuanto Rajoy se puso de perfil en el escaño, empezó la política con ETA desde el mismo hemiciclo.

Después del aprieto del último comunicado de la banda, pidiendo cuentas al presidente sobre unos compromisos no contados, Rodríguez Zapatero ha dado la cautela como respuesta. Una cautela como la que no tuvo el portavoz López Garrido que se apresuró a sentenciar que ya «no hay ningún tipo de actividad terrorista», horas antes de que la kale borroka hiciera acto de presencia y de la confirmación de la circulación de cartas de extorsión posteriores al anuncio del alto el fuego. En este juego suelen caer los novatos.

En cuanto dijo un dirigente nacionalista que los de Batasuna «ya no hablan de la ley», se pasea Barrena por ETB para decir que si quieren legalizarles, ya saben qué hay que hacer: derogar la Ley de Partidos. Está el campo lleno de trampas. Por eso los socialistas no deberían sentirse molestos hacia quienes se mantienen desconfiados y en guardia. Simplemente, no quieren volver a hacer el ridículo. Es una opción.



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