Para oportunismos el suyo, señor Etxezarreta. Fíjese que tenía usted una oportunidad de oro para permanecer en silencio, más que nada por aquello del pudor y del qué dirán, siendo como es el principal responsable de la Cultura de esta ciudad, y estando como están los proyectos de San Telmo, Tabacalera, y el propio Teatro Victoria Eugenia, sumidos en el mayor de los letargos y sobre los que apenas se vislumbran ideas. Se lo he dicho en numerosas ocasiones: tenemos unos soberbios continentes a los que les faltan contenidos. Y permítame que le diga, usted lleva demasiados años al frente de estas cuestiones sin que, realmente, estos elementos fundamentales para el desarrollo de nuestra ciudad y comarca hayan experimentado avances significativos.
Pero que encima aproveche que el Pisuerga pasa por Valladolid para darle una estocada al Partido Popular por el nefasto devenir del Teatro Victoria Eugenia, pues francamente, no. Seré breve y clara. En virtud del convenio firmado en el año 2000, gracias a una impecable gestión del que fuera ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, el Ayuntamiento de San Sebastián y el citado Ministerio asumieron a partes iguales la financiación de la rehabilitación del Teatro Victoria, por un valor de 7,2 millones de euros. ¿Qué ocurrió? Pues algo que viene siendo habitual por estos lares. Resulta que al alcalde de esta ciudad, señor Odón Elorza, se le fueron ocurriendo una serie de ideas complementarias para, según él, mejorar el proyecto (creo recordar que quiso cargar al Ministerio los costes del equipamiento escénico, cuestión que estaba al margen del acuerdo, e incluso, a título anecdótico, quiso modificar el proyecto para instalar una curiosa tejavana en la fachada principal porque según él, aquí llueve mucho), aumentando el presupuesto inicial nada más ni nada menos que en un 52%. Cosas de nuestro alcalde. Pues bien, aquella ingerencia provocó que el Ministerio de Fomento tuviera que rescindir el contrato con la empresa que se encargaba de las obras. Es necesario aclarar que un desvío de semejante cuantía obligaba por Ley a rescindir el contrato y convocar un nuevo concurso. Y éste fue el motivo de aquel parón tan lamentable que nos ha privado a día de hoy del disfrute de esta instalación, soberbia y singular.
No hará falta que le recuerde, señor Etxezarreta, que quien desbloqueó aquella situación tan engorrosa fue mi compañera María San Gil, quien no tuvo más remedio (lo hizo de muy buena gana, defendiendo los intereses de Donostia) que tomar las riendas de aquel entuerto, ante la pasividad del alcalde, y asumir las negociaciones para que los trabajos de rehabilitación del Teatro Victoria Eugenia se retomaran, después de estar paralizados durante todo un año para escarnio de todos. Pero tampoco. El 14-M, como todos saben, cambia el Gobierno de España, y el señor Elorza decide rescindir aquel contrato y negociar uno nuevo con el Ministerio entrante. Resultado: otro año de retraso.
Todo esto lo sabe usted muy bien, y no sé a qué viene endosar culpas propias a quienes no hicimos otra cosa que velar de la mejor forma por los intereses de los donostiarras. Otro gallo nos cantaría si, en vez de reaccionar así ante propuestas, desplegara todo su caudal persuasivo y negociador, y se pusiera manos a la obra, que ya va siendo hora. Además, me sorprende que usted se sume a esta estrategia del miente que algo queda, a la que tan acostumbrados nos tiene su superior. El caso es que, como usted debería saber, se puede engañar a todos durante algún tiempo y a algunos durante todo el tiempo, pero no a todos durante todo el tiempo.