Madrid 22/06/2006
La catarata de elogios que recibió ayer Pasqual Maragall tras anunciar su renuncia a ser candidato a la Generalitat podría hacer pensar que el presidente catalán se despide en la cima de su éxito. El PSC se deshizo en alabanzas. El PSOE habló de su «nobleza» y «honradez». Carod dijo que su nombre ya está en la Historia. Y hasta CiU alabó -irónicamente- su valentía para dar paso al «relevo generacional». La realidad, sin embargo, es distinta. Los socialistas han respirado con alivio porque hace tiempo que Maragall estaba sentenciado. Prácticamente desde que Zapatero se la jugó pactando el Estatuto con Artur Mas. (...)