Es de una potencia seca y extrema. Es de una oscuridad tenebrosa. Es un tiemblo triste y suicida. Es tan verdadera y tan histórica como lo fue aquella Muerte de un viajante de Miller que todos han citado al hacer la crítica de este filme lúcido y agraz por el cual se batieron el cobre no sólo su director sino sus intérpretes, reparto encabezado a lo grande por Sean Penn y la Watts.
El asesinato de Richard Nixon apareció hace dos años en Cannes y luego fue arrojada a las tinieblas. Nadie supo más de ella, nadie quiso estrenarla. Corrió la suerte de las películas que hacen daño, que son molestas, que destruyen a zarpazos, a bocados, a sangre y fuego, el bendito sueño americano, hace ya tiempo masacrado. Es una película molesta. Visionaria. Cercana a aquel Día de furia que tantos malinterpretaron. Narra, con la fuerza de los que nunca poseerán la tierra, el momento en el que a un tipo gris, a un hombre corriente, a un americano medio, tan medio que nunca sobresale en nada, un hombrecillo que vende muebles para oficina, se le salta el click que le mantiene enchufado a esa rutina que lo mismo que tranquiliza, castra. En ese instante, cuando los fusibles de la normalidad saltan, Sam Bicke decidirá secuestrar un avión y estrellarlo contra la Casa Blanca para provocar así la muerte de Nixon, al que considera epítome del Mal absoluto y causa o efecto de su fracaso como hombre, como vendedor, como amante, como americano.
Pesadilla sin salida, no falta quienes consideran El asesinato de Richard Nixon el resultado de sumar a la ya citada Un día de furia en la que a Michael Douglas también se le fundían los cables y achicharraba el sueño americano, con el Taxi Driver de Scorsese, De Niro y Jodie Foster. No es mala interpretación, no por cierto. El filme de Mueller, producido por DiCaprio y por el autor de Y tu mamá también, Cuarón, entra de lleno, de pleno, en la negra lista de películas potencialmente peligrosas, maravillosamente visionarias, arrebatadoramente acusadoras. Sin salida, sin concesiones, iluminada desde la oscuridad más terrible por Emmanuel Lubezki, El asesinato de Richard Nixon estremece.