El primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, anunció ayer la retirada de las tropas niponas desplegadas en Samawa, en el sur de Irak, desde principios de 2004, pero indicó que se mantendrá la ayuda logística a Estados Unidos y sus aliados en el país árabe, en referencia a los vuelos de transporte de soldados y mercancías que prestan los tres aviones C-130 y los doscientos militares de sus fuerzas aéreas con base en Kuwait.
«Estoy satisfecho de que, en los pasados dos años y medio, un total de 5.500 miembros de las Fuerzas de Autodefensa hayan sido capaces de llevar a cabo sin problemas su misión de ayudar a la reconstrucción. Sin que haya sido disparada una sola bala y sin un solo herido», dijo. Las tropas tenían la prohibición expresa -según contempla la Constitución pacifista- de participar en acciones bélicas. No obstante, ha sido la mayor operación militar desplegada por Japón fuera de su territorio desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Como se encargó de destacar Koizumi, además de ayuda a la reconstrucción de escuelas y otros edificios, los militares nipones han proporcionado medicinas y asistencia sanitaria a la población local, y trabajado en la potabilización del agua de algunos barrios de Samawa. «Tales proyectos de asistencia a la reconstrucción han recibido el aprecio y la confianza del Gobierno y el pueblo iraquíes», apuntó el primer ministro.
Esta labor, sin embargo, no ha sido valorada tan positivamente por gran parte de la población japonesa, que desde un principio vio con recelos el apoyo sin condiciones de Koizumi al presidente George W. Bush.